viernes, septiembre 4 2026

Errantes.- Disociando el ser.- Una visión cosmológica. by María José Luque

Un temperamento muy fuerte, una curiosidad desmedida, una fortaleza que no ceja, unos claros pilares que sostienen sus creencias, sueños que se prenden en la piel para echar a volar…

A veces, en la búsqueda de nuestra propia libertad, de ser a toda costa nosotros mismos, no aquel ser que la sociedad crea y programa, destruimos ese ego, dejando de volar.

Rasgamos nuestras alas y sesgamos nuestra libertad, sin darnos cuenta, dejamos de vivir.

Entre mis manos el pretérito que se nos escapa, vacío entre las cuencas secas de mis ojos, momentos que se deslizan entre las cejas, a través de esa mirada perdida en el presente que nos ocupaba y que ya dejó de existir hace exactamente un microsegundo.

Partícula de tiempo que mide el todo cuando la nada nos inunda embarcándonos en ese viaje fortuito que es la vida y que ni por asomo se semeja a aquellos, nuestros sueños, de ese nacer a la vida que nos presenta en pañales nuestro destino más o menos acertado.

Errantes somos y nos convertimos en alborotado silencio mientras osamos adentrarnos en la cueva de los secretos donde se ubica el transcendental momento en que nuestra mente encumbra dejando a un lado el plano terrenal, aislándose de la podredumbre que ocupa a la humanidad.

Desafortunados encuentros, aquellos, que entre la bruma quedan, susceptibles de animar al todo para que el tsunami acontezca y sin prudencia nos inmersione en la nada, oscuridad perpetua como las rosas, negra, a mi entender que prende en el pecho que deja de ser latido, reloj del tiempo cuya barca navega sin sentido, a su eterno antojo, maldito.

Plagias mi sentir continuamente, sin permiso, con alevosía, levantas las cruces que ciñen la tierra, descoses las costuras de la piel más solo consigues pesar que más profundamente se oculta entre la maleza, donde viven las sombras que atoran mi pecho.

Binomio y conjunciones, estela de rendiciones, murallas que tienen nombre pero no puerta, accesos bajo el foso donde los restos de antaño dejan algas putrefactas que quedan adheridas junto a gotas de sangre a las piedras, argollas de hierro que en el pretérito fueron prisión y vida, cancela y frío.

Ventana cerrada a ese mundo en el que la realidad vivimos, donde la armonía recrea nuestros sentidos paso a paso. Crecer y morir anverso y reverso de una misma moneda. Enriquecerse y evolucionar, en nuestro propio camino, todo en su momento y lugar. Tras la línea imaginaria me encuentro, aquello que no debo cruzar, universo en el que cada cual prende su huella como gusta perseverando en el ser, conociéndonos.

Y entonces llega el pensamiento que todo lo contiene, lo abarca, lo discrimina y dice que tal vez, solo existimos ahí, y lo demás son percepciones de cada uno de los pensamientos que coexisten en el multiuniverso. No soy yo, pues, la responsable de mi destino, no condiciono mi vida ya que siempre formare parte, por un tiempo, del camino de otro.

Y en esa batalla me encuentro, disociando el ser, aquella esencia que nos marca, que dejamos como huella de nuestra presencia, caricia a otro ser, compendio de virtudes, defectos, actitudes, conocimientos, que nos hacer ser característico, distinto, único e irrepetible.

Y cerré la puerta sin más, dejando que el silencio lo inundará todo quedando demostrada la obsesión lastimera que al borde del abismo lleva, velando mi presente, miradas que dejaron de perderse entre las líneas mientras fenecen los sentidos y la vastedad de los sueños es suficiente mecha para alentar esa ruptura con el ayer, pretérito inexistente que se empeña en ser latido ausente de presencia.

Y como tú y yo sabemos, todo volverá, como las golondrinas de Bécquer, la canción de chiquitita o el poema de Mario Meléndez.

Un día volveré a tus ojos

y comenzaré de nuevo

volveré con un sonido hueco de metal

y sol, mojado.

 

Y me despido con Garcilaso y la “Fraternidad de los arboles”

aprendí, en la fraternidad de los árboles,

a reconciliarme, no conmigo:

con lo que me levanta, me sostiene, me deja caer…

 

@María José Luque Fernández.

 


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