viernes, septiembre 4 2026

La prosa en Verso 12 | Nada, de Carmen Laforet by Félix Molina

Casida para Andrea, la loca de la calle Aribau

 

Más o menos a las nueve y media,

o más temprano,

aprovechando la cojera de un turno

de las asistentes que la pasean en la residencia,

Andrea ha podido llegar a la calle Aribau,

haciéndose la distraída por la Diagonal,

como si fuera una vieja loca.

La ha devorado, como a sus recuerdos,

la antigua puerta, sin pintar, del piso.

Todo allí permanece

con los colores originales,

con la música lenta

de la nada y la muerte

que tanto le gustaban a Juan y a Román,

hermanados por la alberca de un país

que aprendía a morir.

Se posa en el balcón, como una extraña

paloma abandonada a su vuelo.

Y allí se enreda en las horas robadas a su fin

en que se calza los zapatos

de las parejas y los solitarios,

siempre con una prisa multicolor,

que navegan hacia cualquier curro

o hacia una oficina de empleo,

o hacia la luz del amor (quiere soñar),

o hacia la penumbra legal

de cualquier cosa.

Van siempre pendientes

de la vida que se agita,

con una rutina vana y luminosa,

entre sus manos.

Pero ellos no escuchan

–se dice en el arrobo del balcón

con sol de la mañana–,

jamás escucharán

los gritos, los disparos,

la miseria familiar de golpear al otro,

de ser toda una vida

en ese golpe

que escucha a sus espaldas,

mientras los patrulleros

de emergencias la buscan

en el rellano –sin mil novecientos–

del número treinta y seis.

 

© félix molina, La prosa en verso, 2024

 


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