sábado, septiembre 19 2026

Fetiches— By Marcos B. Tanis

Caminaba tranquilo hacia el lugar donde me habías citado aquel día. Era un depósito abandonado y llegué tras dos horas manejando.

No había moros en la costa, así que, sin más dilación, traspasé hacia el interior del depósito. Una vez dentro, descubrí lo descuidado que estaba, las malezas alcanzaban mis rodillas y el olor a humedad y abandono ocupó todo el lugar.

—¿Dónde estás? —te envié un mensaje de texto.

—Falta poco, ven un poco más hacia el centro —contestaste.

El detritus de lo que era un felino antes, en ese momento era contaminado por una plaga de insectos. Me cubrí la nariz y continué mis pasos. Ya había llegado lejos para desistir.

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Maderas corroídas, hierros oxidados, paredes enmohecidas, era una atmósfera propicia para una película de terror y para ser franco, me daba repelús estar ahí.

Para entrar en contexto y lo que hacíamos antes de elegir el sitio para nuestras citas era buscar en Google, “lugares abandonados en Paraguay”, nada más. La información devuelta por el navegador era más que suficiente y a partir de ahí, nos tocaba a nosotros cumplir con el objetivo.

Si nos vieran de pronto como hoy estábamos, tal vez nos tildarían de locos o pervertidos, no obstante, todo esto a nosotros nos despierta la libídine al máximo y este tipo de aventuras hace que nos amemos aún más.

Fue entonces cuando te vi allí cerca de un montículo de materiales en desuso, vi que habías limpiado alrededor y también que has extendido la sábana. Yo me encargué de traer el vino, las copas y algo para comer.

—¿Qué te parece este lugar? —dijiste con un aire de satisfacción en el rostro.

—Terrorífico —contesté, luego de darte un beso en los labios.

Coloqué la cámara sobre el trípode, luego empecé a filmar el panorama y tras comer alguito y bebiéramos de nuestras copas, hicimos el amor. De nuevo, por más que parecía tan extraño todo esto, fue mágico.

La última vez fui yo el que elegí el lugar, nos fuimos hacia el interior del país, nuestra cita era un buque abandonado, de época de la guerra de la Triple Alianza. Aunque logramos ingresar, esa vez tuvimos serios problemas, puesto que nos habían descubierto y las personas que resguardaban aquel transporte antiguo y protegido como patrimonio nacional, nos amenazaron con sus armas de grueso calibre, incluso yo había sido empujado y me amagaron con darme un culatazo.

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Nos prometimos a nosotros mismos en tener más cuidado.

Ambos sabemos que lo que hacemos es fuera de serie, que nos apeligramos por sopesar lo prohibido y al mismo tiempo, hace que queramos descubrirnos aún más.

Una vez hubimos culminado nuestra cita amorosa, recogimos nuestras pertenencias, fuimos juntos hacia la salida, nos despedimos con un hasta luego y cada quién regresó en su respectivo vehículo.

—Nos vemos en casa —le dije y ella me guiñó un ojo.


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