El sudor corría por su cuerpo como rio embravecido. Su corazón era digno de una batería de un grupo heavy y sus piernas se había trasformado en cemento armado. Pero sabía que no le quedaba opción. No importaba la altura, debía mirar hacia abajo para calcular el salto. Finalmente saltó con los ojos cerrados. Solo esperaba tener fortuna y caer en la colchoneta que habían colocado los bomberos.
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