viernes, septiembre 18 2026

Inalcanzable Tres por Antonio García

Estaba guapa a rabiar.
Patricia, por fin, decidió entrar en el agua. La espuma le cubrió hasta los tobillos. Sonrió.
Mientras, yo la contemplaba embrujado.

Ella dio la espalda al mar para observarme. Lanzó una carcajada cristalina al aire limpio de la playa al ver mi cara de embobado.
—¿Tomamos el sol un poco?
Por un momento pude escapar a su hechizo. Sacudí la cabeza afirmativamente. Coloqué mi chaqueta a modo de toalla en la arena.
Patricia, con total desparpajo se quitó el vestido y se tumbó sobre mi chaqueta. La miré desde mi posición vertical. Seguía vestido con mi camisa blanca, corbata y los pantalones del traje, por no olvidar mis caros zapatos. Una hormiga en un vaso de leche.
—Túmbate conmigo.
Mi falta de pericia y el hecho de volver a estar hechizado, hicieron que más bien cayera sobre mi chaqueta.
—¿Estás casado?
Me miré el dedo de mi mano izquierda, como si tuviera que confirmar mi respuesta.
—No. Divorciado.
A ella pareció gustarle la contestación. La sonrisa se le hizo más amplia y a través de sus dientes pude ver la punta de la lengua. “¿A qué sabría su boca?” Porque sí, señoras y señores, a pesar de que el tonteo duraba ya casi dos horas, todavía no nos habíamos besado. Bueno, ella no me había besado porque yo no me habría atrevido nunca.
—Estoy cansada de mi marido. Es muy posesivo y celoso.
Entendí al hombre. Aquella mujer tenía mucho peligro.
—¿Por qué no te divorcias?
—¿Y perder toda pasta que tiene? Además, estoy harta de Lupe. Quiero que le despida.
—¿Quién es Lupe?
—Su guardaespaldas. Me sigue a todas partes.
Miré inquieto a mi alrededor.

—No te preocupes, lo despiste. ¿Y si vamos a comer? Tengo hambre.
—Aquí detrás hacen un arroz decente para ser un chiringuito. —le dije poniéndome de pie.
Ella se colocó el vestido y caminó hacia donde le indicaba. Detrás de ella iba yo, cargado con sus zapatos y mi chaqueta.
¿PCuando entramos agradecí el frescor del lugar. Estaba achicharrado.
Nos sentamos en una mesa. El chiringuito estaba casi vacío. Pedimos una paella. El camarero nos. Indicó que tardaría veinte minutos.
—¿Por qué no jugamos? —dijo ella. Los ojos grises le brillaban.

@Antonio García

@Imagen Pinterest


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