NUNCA SE OYÓ COSA IGUAL by María José Neira

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NUNCA SE OYÓ COSA IGUAL

Cuando Mª de los Remedios de Todos los Santos y Carlos Justo del Ángel de la Guarda decidieron contraer matrimonio, ella ya llevaba un bombo considerable.

-!Ay, Carlos Justo¡ No podemos seguir apartados de Dios por más tiempo, no quiero que al fruto de mi vientre lo llamen el hijo de la lujuria- suplicó al novio.

De este modo, Mª de los Remedios y Carlos Justo se compraron las alianzas en la joyería del pueblo y decidieron santificar su unión.

El día de la boda ella llevaba un vestido confeccionado por su tía Luisa, ya que había sido imposible encontrar uno de su tamaño. El viento que se había levantado unos días antes tenía a todas las invitadas con las manos en la cabeza. Mª de los Remedios intentaba apartar de la cara los mechones que se le habían soltado del peinado que tan primorosamente le habían hecho en la peluquería Por los pelos.

En estas estaba cuando agarró a Carlos Justo de la mano y una ráfaga de viento que parecía un huracán levantó a la novia del suelo. Carlos Justo intentó sujetarla, pero ella se soltó y comenzó a agitar los brazos y elevarse. Mientras la novia se alejaba, Carlos Justo daba saltos como queriendo alcanzarla, al tiempo que Mª Olvido de la Desesperación, la madre de Remedios, sollozaba gritando:

¡Ay, Dios mío! ¡ No solo pierdo a una hija, sino que también se me van los tres nietos!

A lo lejos se divisaba un globo blanco que agitaba los brazos sin cesar. En la plaza del pueblo se erigió un monumento en memoria de Mª de los Remedios y sus tres hijos, cuatro bolas de cemento que guardan cada una de las esquinas.

No se oyó cosa igual durante muchos años.


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