A sus 37 años, Matsuo decidió que la orilla que le gustaba era la que veía, la que disfrutaban sus ojos, no aquella en que se sentaba. Le llamaban la atención su calma, el aire que se movía entre las cosas y, entre todas ellas, las ramas de un discreto bananero que se agitaban sin el menor estrépito, amorosas con la brisa y las hojas. El poeta experimentó entonces un flechazo: primero quiso ser aquella orilla, después se imagino que era aquella orilla,
curtido por la intemperie,
el viento atraviesa mi cuerpo
y alma
Finalmente quiso vivir en aquella orilla, al otro lado del río Sumida.
Una vez lo supieron sus discípulos, se las arreglaron para llevar todos sus enseres a la choza que iba a ser su casa, en la orilla de enfrente. La pequeña casa tenía apenas un dormitorio y un comedor muy simple, que le servía también de escritorio. Pero lo que la transformaba en su hogar era un patio donde vivía con él el platanero que contemplaba desde la otra orilla. De tanto comentarlo a las visitas que, ordenadamente, le hacían sus discípulos aquel se convirtió también en su nombre: bashō, el banano.
Muchas cosas vivió Matsuo en ese hogar suyo, aunque resumidas todas en el silencio y en la contemplación,
después de diez otoños
más bien Edo
es mi domicilio
Pero lo que no le contó a persona alguna, ni en las visitas, ni a través de su escritura, es que cada vez dedicaba más tiempo a contemplar, desde la calma de su nueva casa, junto al fiel platanero, la casa y la orilla que dejó.
Matsuo Bashō (1644-1694) fue antes de la troquelación de arriba Matsuo Kinsaku. Hoy en día, cuando el haiku es un deporte nacional en Japón (sin pago por visión y esos desarreglos occidentales), está considerado uno de los maestros canónicos de estas brevísimas composiciones. Algunas cronologías suyas suman cerca de un millar de estos poemas, que intentan la coherencia del ser humano contemplativo con su entorno (las estaciones, los accidentes del paso del tiempo, la humildad animal…). Poeta muy viajero (como el chino Li-Po, que también troquelé), a pesar de lo contemplativo, o quizá por ello (como sugiero arriba), su poemita más conocido es
viejo estanque
una rana salta
sonido del agua
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