jueves, julio 23 2026

Desde la ventana— By Graciela Actis

Emma se despertaba al amanecer sólo para verlo pasar, oía su bicicleta y corría a la ventana que era su cómplice, movía apenas las cortinas y sus ojos derramaban amor por Felipe Centeno, el que ignoraba que era observado cada mañana mientras pedaleaba a su   trabajo.

Silbaba Felipe una vieja canción, lo esperaba un duro día en las minas de carbón en el pueblo aquél, sus manos dejaban a la vista la dureza de su ingrato y mal pago esfuerzo, pero que va, no había otra cosa por hacer, su abuelo fue minero, su padre también, ahora ya sigue él, con hombros cansados pero con fe.
¡¡Mala racha que debería pasar y llegaría el día en que se marcharia!!
Felipe soñaba conquistar la ciudad, lavar sus manos y jamás volver a tocar el carbón, estudiaba hasta largas horas por la noche y arriba otra vez, solo sería un tiempo y ya…

Emma conocía sus planes y planeaba irse con él, ya vería como lograría que la viera de una bendita vez y se enamorara también, una mañana tomaría coraje, abriría esa ventana y gritaria su nombre,  seguro caería a sus pies muerto de amor y le pediría que se case con él.

El amor se trata de eso, de nunca rendirse y luchar contra lo que sea, ya lo dice el refrán
» En el amor y la guerra todo está permitido»

Esa mañana fue distinta, porque Felipe levantó la vista y la vio, le sonrió y alzó su mano lanzando un beso imaginario,  Emma tembló, rió y lloró a la vez,
¡¡Habia sucedido!! La espera valió la pena, cantó, bailó abriendo las ventanas de par en par, el amor danzaba por esa calle y al atardecer lo esperaría en la vereda.

Un tumulto de gente corriendo, gritos de auxilio, sirenas, bomberos, un estruendo paralizó la media tarde, cuando Emma se peinaba frente al espejo.

Abrió de prisa la ventana, su corazón se lo gritó, corrió entre la gente, lo buscó entre los escombros y lo vio, en un segundo el mundo se derrumbó, así como la mina de carbón, así se quedaba Emma con los brazos vacíos, con las manos manchadas de  negro como las de él,  acariciando el rostro que tanto amó.

El amor que no fue, los sueños muertos, los días siguen con las horas sin detenerse.
Lo que si se detuvo fue el brillo en los ojos de Emma, la ventana nunca mas se abrió al amanecer.

Se rumorea por el pueblo que se quedó detrás de las cortinas.
Dicen que sus bellos ojos fueron como dos ventanas congeladas…
(Por las noches las abre, y busca entre las estrellas a Felipe)

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