Serie: Políticamente No Correcta: VIVIR OTRA VIDA, MUCHAS, TANTAS… by Úna Fingal
Día Internacional del Teatro. 27 de marzo
«Crear, interpretar o morir. Que las palabras sean tu vida y tu vida sean las palabras, porque cada palabra de un pensamiento huye, no para olvidarlo sino para ¡propagarlo! En realidad soy actriz, en la ficción escritora, y en este escenario, un personaje más».
Así se presentó la que suscribe desde el oficio teatral al literario, tantos años ha como si de una vida pasada se tratase, y viene bien recordarlo porque de vidas y existencias trataremos en este artículo homenaje al teatro ya que este es su mes. Y no se me ocurre mejor homenaje, sentidas palabras para las palabras brillantes que procuran la vida eterna. Porque el teatro es eternidad.
Emociones, pensamiento, arte, amor aun en la dicha y la desdicha (de las comedias y las tragedias escritas e interpretadas), porque quien tiene la enorme fortuna de ser tocado por la musa Talía, le consagra su vida entera.
Desde mi faceta de actriz y creadora escénica puedo hablaros de lo que representa para mí el teatro, un arte sagrado cuyas tablas son templo de musas y absolución de tinieblas y sinsabores varios… Al traspasar sus muros y entrar en los camerinos, la vida propia o ajena, se convierte en esa cosa de preocupación insignificante, como un eco del otro lado de la realidad, porque la única existencia posible y real es la que acontece a partir de ese momento. La que acontece en los dominios del personaje y la obra.
El momento clave de la transformación ocurre cuando la mirada propia, se enfrenta al ser que aguarda al otro lado del espejo y observas cómo te mira atento y anhelante, y cuando la primera línea de maquillaje pasa del lápiz a tu piel, ¡zas! Él penetra hasta el fondo y se adueña de tu ser. ¡Oh la máscara! Ella tiene el verdadero poder de un médium, posee todas las respuestas y guarda todos los secretos. Es invulnerable y su poder, absoluto, convierte en seres divinos a simples mortales. Así es desde el principio de los tiempos y así habrá de ser por siempre.
Actuar, vivir otra vida, muchas, tantas… Esta es la gloriosa existencia de los actores. Seres esculpidos a partir de otras vidas que acaban convirtiéndose en la suya propia… ¿No es maravilloso? Cuando el personaje entra desaparece la persona y con ella todas sus debilidades, (o lo que la sociedad dicta como debilidades). Desaparece la timidez, los personajes no entienden de eso. Desaparecen las inhibiciones, los personajes sólo desean expresarse a pesar de, por encima de… Desaparece el expresarse con política corrección, los personajes necesitan ser como son, no se dejan amordazar. Su lugar es ocupado por el esplendor de una vida incombustible, de un torrente imparable, de una vitalidad arrasadora. La voz se convierte en el poderoso vehículo de las almas de papel para encarnarse y expresarse.
Porque… ¿Qué son los personajes? Un pensamiento que un dramaturgo encerró en un papel, un sueño arrancado de su propia alma a jirones de sangre y tinta. Y luego el papel habitáculo de seres fantásticos, donde lejos de reposar aguardan latentes e impacientes la oportunidad de volver a la vida, con más fuerza que nunca.
Así, la existencia de unos y otros, actores y personajes se mezcla en una simbiosis donde unos alimentan a los otros y los otros a los unos. Una existencia de múltiples universos capaz de producir la magia que regala un tiempo eterno a los amantes de este arte. Un tiempo eterno donde las almas de papel divisan entre lágrimas o carcajadas de tinta los sueños del otro lado. Cuando la compañía de teatro desempolva el libreto y prepara la función para ellos es un despertar glorioso, un nuevo amanecer pletórico de esperanzas e ilusiones. Darles la vida eterna a las almas de papel es vivir una existencia privilegiada llena de siglos sin fin. El poder de perpetuarse por los tiempos es justo el secreto de la vida eterna, y si no, que se lo pregunten a Hamlet.
Ser actor es ser médium, un canal por el que las almas encerradas en el papel se encarnan, se expanden, se revelan y se manifiestan. Un privilegio único, porque este oficio de vivir y revivir vidas infinitas deja su poso, ya que, un actor crece con cada personaje. Ellos siempre dejan algo en el alma y el corazón del cómico que habrá de acompañarlo por siempre. Y esa es una de las razones incontestables por las cuales un gran actor o actriz nunca muere, porque la eternidad es así, siempre permanece y los personajes a quienes dio la vida se la devuelven en el espacio continuo tiempo del imaginario colectivo, territorio de los dioses. ¡Oh, actores, espíritus divinos!
«Estamos hechos del material de los sueños. William Shakespeare. La tempestad».
Nota;
Teatro desde el fondo. La vista de los actores. Imagen de dominio público.
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