Escribir es uno de los verbos de más amplia acepción dentro de la ya de por sí extensa variedad de vocabulario de la lengua española. Escribir. 1 verbo transitivo. Representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie. Usado también como intransitivo. 2 verbo transitivo. Componer libros, discursos, etcétera. Usado también como intransitivo. (Verbo transitivo: es un verbo que denota un estado o un evento que requiere la existencia de dos participantes o argumentos. Verbo intransitivo: son aquellos que no van acompañados de un objeto directo, ya que la oración cobra sentido sin él).
Todas las personas asimilan desde muy corta edad el significado de la acción que corresponde al verbo escribir. Escribir, es todo, desde garabatear un niño las primeras letras, hasta las grandes obras de la literatura universal. Por eso se debe comenzar a puntualizar en los sectores literarios, donde se crean libros para comercializar, bien sean de distracción, divulgación, reflejo de hechos históricos, filosofía, poesía o enseñanza, ¿qué es escribir? ¿Vale todo? ¿Cualquier cosa es escribir? ¿Existen diferentes categorías de escribir?
El planteamiento está claro. Este texto pretende marcar como hecho diferenciador la calidad de los trabajos construidos con palabras que cuidan y se esmeran en la forma lingüística de la creación. Escribir, propiamente dicho, sería el eslabón más alto del pensamiento trasladado con palabras, relativo a personas especializadas de erudición constatada, preparación filológica y con amplia experiencia en el uso del lenguaje, la palabra y la expresión creativa. Sería muy apropiado diferenciar, por lo tanto, aquello que se deba calificar de anotación, redacción, copia, caligrafía, composición, etcétera, o algo que se sitúe en un estatus al que se otorgue por admiración el calificativo de escritura.
La R.A.E. debería tomar muy en serio la preocupación por aplicar palabras nuevas para conseguir la distinción de los diferentes niveles o formas de escribir. No engaña ni miente quien afirma que sabe escribir uniendo letras sin conocer ortografía ni gramática. No atenta a la verdad quien se denomina escritor por haber hilado unas páginas que una vez encuadernadas configuren un ejemplar con identidad propia. De hecho, nuestra Academia de la Lengua recoge el término escritor para quien escribe, sin más elementos de definición; escribiente, para quien tiene por oficio copiar, o poner en limpio, escritos ajenos, y escribidor, escritor prolífico o que lisa y llanamente es, «mal escritor». E incluso un hombre «escribido» puede ser alguien instruido, con buen nivel de cultura: «leído y escribido».
Ante esta laguna definitoria se hace indispensable la utilización de adjetivos calificativos para crear una idea del nivel del resultado de la acción de escribir. ¿Se puede escribir bien o mal? ¿Hay diferentes niveles de escribir mal? ¿Están igual de bien escritas las obras de Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno, Camilo José Cela y/o Jorge Luis Borges? ¿Están bien escritos todos los libros publicados en el último año?
Y de los libros valorados como, bien escritos, ¿cuáles son magistrales? y, ¿los sublimes?
Escribir debe ser considerado un arte. Y como tal, dentro de la subjetividad del mundo de la creación tiene que ser una muestra de belleza y la elevación del uso de la palabra a cánones sintácticos que representen la elaboración de una obra literaria. Entendida esta, como una creación artística donde existe un hablante lírico que intenta producir goce estético, mediante un argumento determinado. La Ilíada, La Divina Comedia, Hamlet, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha… son, indiscutiblemente, tesoros de la literatura universal. Representan la mejor expresión de escribir al conseguir los más altos objetivos destinados a la transmisión de pensamiento por medio de la palabra reflejada en un soporte físico que perdura en el tiempo y se puede trasladar de mano a mano, entre personas. En las obras citadas, tanto fondo como forma están situados en el estatus de arte. Es por tanto en ellos donde podemos situar, para el entendimiento general, la más ajustada definición del verbo escribir, del que trata de buscar la mejor etimología esta reflexión literaria.
Se pueden representar otros ejemplos que incidan en distinguir las diferencias entre los diversos modos de utilización de la palabra escrita, pero sería un exceso de celo en la defensa de la calidad lingüística, que no conduciría a mejores metas que las expuestas en los párrafos anteriores. Sirva por tanto lo reflejado como una llamada de atención, un canto al arte de la muestra del pensamiento escrito, como elemento de exaltación a la sublimación del respeto que los seres humanos deben mostrar a una posibilidad cultural que se imprime desde la más tierna infancia y se debe cultivar a lo largo de la vida como lo que es, el instrumento de comunicación más apto para convertirse en legado a lo largo de los tiempos; el testimonio de la evolución de las civilizaciones transmitido de generación en generación.
Hagamos de escribir nuestro derecho a la elevación artística de la palabra representada en un medio capaz de perdurar con el paso del tiempo. Seamos albaceas que custodien su respeto y admiración; defensores de la utilización de la lengua en toda la extensión del vocabulario, utilización gramatical y creatividad sintáctica. Propongamos a la Real Academia Española, institución cultural dedicada a la regularización lingüística entre el mundo hispanohablante, que añada vocablos que permitan llamar por su nombre a las distintas formas de representación de la palabra. Que escribir no sea lo mismo en todos los casos; que escribir constituya un arte, y ser escritor, un elevado reconocimiento en consonancia con los méritos lingüísticos de lo escrito. No debe haber conformismo con menos. Que escribir… sea arte.
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