50 by Alberto Quero

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50

YHVH

Tu nombre está inscrito en la nieve y en el viento;

de ti dan fe el trueno y el fuego, el mar y los pájaros;

la lluvia y la noche se saben testimonio perfecto

de tu fulgor gigantesco;

el pez y el asno, el león y el cordero claramente demuestran

 tu huella luminosa.

Se te puede hallar en el niño que nace y en el viejo que muere,

en el trotar del perro y en el cometa que regresa,

en los ríos y en los pájaros, en el cuarzo y en la amatista,

en el sol cuando se pone, en la abeja y en la centella,

en la mujer que saca agua de un pozo y en la que encuentra una moneda.

Todo te menciona y te señala porque todo te pertenece,

todo te saluda en una plegaria inagotable y sorprendente,

todo te aclama con mansedumbre, todo en una alabanza silenciosa:

tuyo es el reino.

Mi canto es leve y diminuto, no te servirá como corona.

Pero también él nace de un estremecimiento, el mío,

que es arrollador como tu incandescencia y es ella la que lo concibe.

Solo eso permanece en todas mis versiones.


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