En el café, hoy a la mañana temprano
he visto a una mujer de edad incierta
-joven para mayor, mayor para joven-
por largo tiempo extraviar su mirada
en el infinito o el vacío de un punto
de la embotellada pared especular.
Hasta hoy conocía esta mirada
en hombrías nocturnas, alcohólicas
casi, como de interiores devastados.
Su gesto era como de serenidad vencida
mas no carente de atractivo. Si hubiera
sido de noche y escombrando ruinas yo
también anduviese, le habría hablado,
invitado a una u otra copa facilitadora
de argamasas o a sincera, atenta escucha.
Pero era hoy y mañana temprano,
yo apuntalaba mis ruinas como podía
y a esa hora los traductores aún son
más traidores a las acciones sin fin.
Cómo acrecientan las luces las soledades.
® JGCampal
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