Me llama la atención que entre mis estudiantes se prodiguen caricias, besos y abrazos como muestras de cariño y de apoyo sin ninguna aparente connotación sexual. Lo atribuyo —al menos en parte— a la influencia de los futbolistas latinos que se abrazan y besan en cuanto meten un gol.
Me gusta esta «comunicación epidérmica» entre las personas. Como los seres humanos llevamos el alma a flor de piel, la caricia viene a ser también una afirmación de nuestra espiritualidad.
Quizá por eso los enfermos lo que más suelen valorar y agradecer es el cariñoso contacto físico.
En tren a Madrid, 17 de mayo 2024.
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* Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía en la Universidad de Navarra, España (jnubiola@unav.es).
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