Con una piruleta como único consuelo, Pepe decidió marcharse del despacho para no volver nunca más. La tormenta del siglo estaba en su pleno apogeo, y él, sin paraguas. Evitando los charcos para no mojarse sus zapatos Dior. La piruleta se le escurrió de las manos, cayendo por el agujero de una alcantarilla y desapareciendo en la oscuridad.
Su abuela ya le decía, que la vida podía cambiar en cuestión de segundos.
Neus Bonet i Sala
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