ESCENA I
(Bar en el centro de la ciudad. Al fondo una larga barra con taburetes, detrás varias estanterías con latas y botellas, un cartel con la portada del disco de Sgto. Pepper, una foto de Audrey Hepburn y a la izquierda la entrada a la cocina, en primer término, tres mesas con sillas, a la izquierda una máquina
tragaperras y la entrada a los baños, a la derecha la entrada del local. Son las 12 de la noche de un jueves de enero poco antes de echar el cierre. Suena “Summer time”. En el local sólo el dueño y
el parado, algo borracho, sentado frente a la barra)
-Dueño: Vamos a cerrar.
-Parado: Sí, sí, ya, como siempre, las 12 y el cierre, las 12 y vuelta a ser calabaza. (Da el último trago al vaso de vino que tiene entre sus manos temblorosas). En fin, aquí tienes (pone varias monedas sobre la barra). Buenas noches.
-Dueño: Espera, me das de más.
-Parado: Quédatelo, me lo descuentas de mañana.
-Dueño: Como quieras. (El dueño retira el vaso y limpia con una bayeta la barra. El parado se levanta con dificultad del taburete y necesita de varios intentos para ponerse el abrigo). ¿Te ayudo?
-Parado: No. (Cortante). No es necesario, gracias. (La voz del parado es algo pastosa y sus movimientos imprecisos. Consigue abrir a la tercera la puerta del local, sale y la cierra con un fuerte
portazo)
-Dueño: “Beber para olvidar, mal asunto es ese”. (Lava el vaso y vuelve a poner el corcho a la botella de vino medio empezada) (Vuelve a sonar “Summer Time”, las luces se apagan)
ESCENA II
(Son las 7 de la mañana del viernes. En el bar “Sargento Pimienta” suena “Sgto. Pepper” de los Beatles, el dueño con el cepillo en mano, canta y baila al son de los acordes; a veces el cepillo simula un micrófono, otras una guitarra eléctrica o el talle de una mujer imaginaria. Cuando finaliza la canción, coloca las sillas que estaban sobre las mesas en el suelo y abre el local.
Fuera, dos empleados del servicio de limpiezas esperan impacientes, ya acostumbrados al espectáculo de cada día).
-Limpia 1: Y que siempre es la misma canción, ¿no te cansas? Podrías variar un poco, vamos digo yo.
-Limpia 2: El Fari, por ejemplo. A mí es que la del torito ese me pone mucho, se me saltan las lágrimas, es oírla y hasta los pelos de la entrepierna se me ponen como escarpias.
-Limpia 1: Yo soy más de Manolo Escobar, ¡ay!, ¿Dónde andará el carro ese?
-Dueño: En el almacén de objetos perdidos lo más probable. ¿Qué os pongo?
-Limpia 2: Lo de siempre, pero procura que las porras sean de hoy, con las de ayer me podía haber hecho un nudo alrededor del cuello. (Se mete el dueño en la cocina del local)
-Limpia 1: Pues como te iba diciendo, los viernes y los sábados son los peores días, te hartas de recoger latas, cristales, envases de hamburguesas, colillas, condones para colillas, ¡jeje!, colillas y
más colillas.
-Limpia 2: Las colillas te tienen obsesionado por lo que veo.
-Limpia 1: Y los condones. Mi hija se ha quedado embarazada.
-Limpia 2: ¡No jodas!
-Limpia 1: Pues eso es lo que debía haber hecho, ¡no joder!, ¡no joder! (Respira profundo y continua). En fin, pues como te iba diciendo, te hartas de recoger colillas y también vómitos, algunos hasta con tropezones, bien incrustados, como el cemento, que no veas como cuesta arrancarlos de la acera, que ni con agua a presión salen.
-Limpia 2: Y qué me dices de las cagadas de paloma, con su puntito viscoso blanco grisáceo.
-Limpia 1: Y las de las cotorras esas tan ruidosas, con su reborde verde azulado ¿Qué me dices?
-Limpia 2: Un asco. Un verdadero asco (Al dueño que aún no ha vuelto). ¡Pero bueno!, ¿vienen ya esas porras? ¡Me muero de hambre! Yo es que me pasaría el día entero mojando porras en el café con
leche, o en lo que sea.
-Limpia 1: Tú sí que estás obsesionado.
-Limpia 2: Llevo dos meses en dique seco.
-Limpia 1: No debiste hacer lo que hiciste con la cajera del supermercado.
-Limpia 2: Fueron todo casualidades. Casualidad que ella bajara a la trastienda, casualidad que se dejara la puerta abierta, casualidad que se le cayeran unas latas, casualidad que yo lo oyera y bajara ayudarla, casualidad que mi miembro alzara la vista al verla, casualidad que ella lo viera y quedara perpleja, casualidad que mi bragueta estuviera cansada de tan largo encierro, casualidad que la fuente del placer hallara su salida, casualidad que mi mujer entrara en ese mismo instante en la
tienda para comprar uno puerros, casualidad que la cajera intentara recolocar mi manguera en su selvática cueva, casualidad que mi mujer escuchara unos gemidos y bajara la escalera, casualidad que encontrara a la cajera micrófono en mano y a mí, cantando el aleluya de Haendel.
-Limpia 1: La vida es puro azar, por eso a mí no me gusta jugar a los dados. (El dueño les sirve el café con porras)
-Limpia 2: Ponme dos más.
-Limpia 1: Comete las que quieras, pero deprisita, las mangueras nos esperan en la calle.
-Limpia 2: Y mientras, la mía, desespera.
-Limpia 1: Ten paciencia.
(Se toman el café con leche y las porras, el Limpia 2 las moja con fruición y las absorbe). ¿Cuánto te
debemos?
-Dueño: Dos cafés y seis porras, redondeando, cinco euros.
-Limpia 2: ¿Cómo que redondeando?, ¿Qué significa eso?
-Dueño: Que no os cobro ni las prisas, ni las voces.
-Limpia 2: Ah, pues…muchas gracias, mañana nos vemos.
-Limpia 1: A ver si nos sorprendes con una canción nueva.
-Dueño: Va a ser que no. Adiós chicos, que no se os revuelva mucho el estómago con tanta basura.
-Limpia 2: ¡Uy, que va! No hay mierda que nos quite el hambre, ni las ganas de bromear.
-Dueño: Dichosos vosotros. Hasta mañana. (Salen los limpias). “Quien mucha mierda recoge, todo le parece poco”.
ESCENA III
(8:30, entra el ama de casa con un carrito de la compra, va directa a la máquina tragaperras)
-Ama de casa: Me pones un vaso de leche caliente con un chorrito de coñac y un cruasán. Ah, haz el favor de avisarme dentro de media hora, hoy hay ofertas en el Lidl y no quiero quedarme sin ellas como me pasó la semana pasada.
-Dueño: Descuida, pero te recuerdo que la semana pasada te avisé y no me hiciste ni caso.
-Ama de casa: Lolita estaba a punto de darme un buen pellizco.
-Dueño: ¿Lolita?
-Ama de casa: Es el nombre que le he puesto a la máquina. Nuestra relación es ahora más íntima, más estrecha, ella tiene más confianza en mí, se siente más a gusto y así da más y mejores premios.
-Dueño: Ya. Bonita filosofía es esa, aunque temo que con las máquinas no esté muy acertada.
-Ama de casa: Pues a mí me funciona, desde que le puse nombre y le hago mimitos, he ganado hasta cuatro veces más. ¿Verdad mi preciosidad que hoy vas a ser muy generosa con tu mami? ¡Ay, cuanto te quiero!, ¡venga un achuchón! (La abraza y la llena de besos). ¿Tienes cambio de 50 euros en monedas?
-Dueño: Espera que mire. (Va a la máquina registradora) Sí, toma. (El ama de casa dispone los euros en varios montones). Ahora te traigo la leche con el cruasán.
-Ama de casa: ¡Sí, sí, ve, ve! Mi niña y yo comenzaremos el juego, pero antes, unas cosquillitas, así estaremos más relajadas (le hace cosquillas a la máquina).
-Dueño: (Yendo a por la leche y el cruasán). (Para si) “si el marido no te achucha, rompe la hucha”. Es lo que me faltaba por ver, ríete tú de la zoofilia esa.
-Ama de casa: ¿Estás contenta de volverme a ver, Lolita? ¡Cuánto te he echado de menos! Esta noche apenas he podido dormir pensando en ti. Ahora tú tienes que ser generosa conmigo y yo sabré recompensarte. (Empieza a echar monedas en la máquina). ¡Vamos, yo sé que tú puedes!, ¡ánimo!
-Dueño: (Vuelve con la leche con coñac y el cruasán). (Para si) lo nunca visto. ¡Qué!, ¿ha habido suerte?
-Ama de casa: Aún no, pero no ha de tardar. ¿Verdad Lolita que vas a ser buena con mami? (Los euros van cayendo en la máquina sin resultado favorable alguno). Te veo un tanto caprichosa esta mañana. ¡Venga, no hagas que me enfade!
-Dueño: Perdona que te moleste, pero ya ha pasado la media hora. Como me dijiste que te avisara.
-Ama de casa: Ahora no. No ves que estamos teniendo una discusión sumamente seria, madre-hija. No puedo dejarlo.
-Dueño: ¿Y las ofertas del Lidl?
-Ama de casa: A la mierda con las ofertas. No creo que porque deje pasar unas horas se vayan a terminar, además esto es mucho más importante. Mi hija me está fallando y debo averiguar el por qué.
-Dueño: ¿Su hija?, pues no le veo ningún parecido.
-Ama de casa: Déjate de bromas. Mi vida me va en ello. Debo arrancarle una confesión a esta desagradecida. ¿Me has sido infiel? ¡Contesta!, ¡contesta! (Golpea a la máquina y llora,
abrazada a ella de rodillas). No Contesta. Quizás tú lo sepas, ¿alguien más ha estado con mi Lolita últimamente? ¿A quién ha otorgado sus favores?, ¿a quién? Dímelo por lo que más quieras.
-Dueño: (Para si) Dios santo, esta mujer está para que la encierren. Pues ahora que lo preguntas, sí. Ayer por la tarde a eso de las ocho, un hombre, mayor, pero no viejo, entrado en carnes, pero no gordo, con poco pelo, pero no calvo, con poca vista, pero no ciego, después de escupir varios piropos a la Lolita esta, como tú la llamas, algunos subidos de tono, pero no obscenos, logró con mucha maña sonsacarla 100 euros y no veas lo contento que se marchó luego, tanto que aseguró que hoy
volvería a por más.
-Ama de casa: Lo sabía, lo sabía. La niña me ha salido puta. Y parecía tan buenecilla. Yo, que la he visto crecer, que día a día la he alimentado y cuidado, que la he dado todo y así me lo paga,
yéndose con el primer viejo que la piropea y la paga algún capricho. ¡Mala!, eres mala y cruel, pero esto no quedará así, consultaré con mis abogados, lograré desheredarte, no recibirás ni un euro de mí cuando me muera.
-Dueño: No sabía que tuvieras abogados.
-Ama de casa: No los tengo, pero es una frase que siempre he querido decir. ¿A que impresiona?
-Dueño: Sí, mucho. ¿Qué piensas hacer ahora?
-Ama de casa: Por de pronto, no volver a aparecer por aquí mientras esta pelandusca siga engatusando a viejos verdes indecentes.
-Dueño: Vaya, me dejas de piedra, pero…. la verdad es que desde hacía ya un tiempo que venía pensando en cambiarla por otra. Esta, claramente se ha quedado obsoleta. Ahí tengo un catálogo
con nuevos modelos, algunos muy interesantes, espera que te los enseñe, tú misma puedes elegir el que más te guste.
-Ama de casa: ¡Ay, sí! La primera impresión es la que cuenta.
-Dueño: Hay modelos que por su línea y color inspiran confianza, da la impresión de que nunca te van a fallar. Uno en concreto, tiene un aire sublime de inocencia y bondad, podrías llamarla…
Inés, bueno, es sólo una sugerencia, ahora mismo te traigo el catálogo para que los veas. (Aparte) Lo que tiene uno que hacer para mantener el negocio.
-Ama de casa: (A la máquina tragaperras) ¡Ves lo que has conseguido! ¡Nunca lo hubiera imaginado de ti! Que fácilmente te has dejado sobornar. Unas caricias y unas bonitas palabras y tú, tú…Pero no sé aún por qué te sigo hablando, sólo mereces mi desprecio.
(Se sienta de espaldas a la máquina mientras se va comiendo el cruasán que moja en el vaso de leche).
-Dueño: Aquí lo tienes. Mira, (señalando en el catálogo) está es la que yo te decía, el nombre de Inés le vendría que ni pintado, pero…. ojéalo todo con detenimiento y escoge la que más te convenza. (Vuelve a la cocina)
-Ama de casa: Gracias. (Empieza a mirar el catálogo pasando muy deprisa las páginas a la búsqueda desesperada de su objeto del deseo). (A la máquina tragaperras) En estas páginas está, la que
acabará contigo. (De repente encuentra un modelo que le llama poderosamente la atención, pone unos ojos como platos y empieza a gritar como si estuviera teniendo un orgasmo). Oh, sí, sí, sííí, esta, esta, ya, ya, al fin (señalándola y mostrándosela a la máquina). (En esos momentos entran dos funcionarias del ayuntamiento que se la quedan mirando muy extrañadas y asustadas).
-Dueño: Diste con ella. (A las funcionarias) Buenos días, ahora mismo os atiendo.
-Ama de casa: Sí, esta (señalándola en el catálogo). Ha sido nada más verla y….
-Dueño: Flechazo.
-Ama de casa: Me cuesta reconocerlo, pero sí.
-Dueño: No tienes de que avergonzarte, es algo que sucede muy a menudo. (Aparte) pero que de tonterías llega a decir uno para conservar la clientela. ¿Y qué nombre piensas ponerla?
-Ama de casa: Lourdes. Esta es de las que, con sólo tocarla, obra milagros. ¿Puedo quedarme con la foto para enseñársela a mis amigas?
-Dueño: Deja que tome el nombre de la casa suministradora y la referencia y te puedes quedar con el catálogo entero.
-Ama de casa: Pues, apunta, apunta. ¡Ay, que ilusión tengo! (A la máquina tragaperras, enseñándole la foto de la nueva máquina) ve, desleal Lolita, a la nueva reina de corazones. (El dueño
apunta en un papel los datos que necesita para hacer el pedido).
-Dueño: Todo tuyo.
-Ama de casa: (A la máquina) Llegó el momento de la despedida (le da una patada. La máquina responde soltando unas monedas). Demasiado tarde. (Recoge las monedas y paga al dueño con ellas la consumición). (Al dueño). Me podrías prestar 30 euros, mañana te los devuelvo.
-Dueño: (la mira como queriéndole decir: “me estas tomando el pelo”) Bueno, si me los devuelves mañana.
-Ama de casa: Sin falta. (Coge el dinero que le tiende el dueño, agarra el carro de la compra y justo antes de salir por la puerta se gira y le espeta a la máquina a bocajarro) Nos volveremos a ver
en los tribunales.
Continuara…
@José María Ysmer
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.