miércoles, septiembre 2 2026

Postal de una ventana by Natalia Doñate

Descanso de escribir, escribiendo.

La puerta de salida, poco me tienta. Hay infinitas ventanas. Abro una nueva, la ganadora de quién sabe qué juego de azar de Word, y en ella trazo un sendero ignoto de letras despreocupadas.

Descanso de escribir, escribiendo” es el «¡Ábrete sésamo!» de un universo infinito cuyas pretensiones no esclavizan. Un oasis de oxígeno que silencia las demandas de las hermanas Bosco, a las que, tonta de mí, acabo de conjurar.

—Son sólo letras —me engaño, a sabiendas de que jugar con ellas trae consecuencias. Me aburren hasta la desesperación. Sus compañeros, futuros hijos de mi teclado, acechan tras los árboles, reclamando su parche de sol. Es menester poner distancia, dar reposo a los renglones recorridos ya tantas veces. ¡Dejad que crezcan los yuyos! La poda de mañana aireará la tierra apelmazada. Proliferarán las lombrices.

Recoger las piedras es una tarea maldita, pues siempre queda alguna: la coma rezagada, la frase idiota con delirios de grandeza, campamentos alineados en migajas… que no conducen a nada. Hoy disfrutaré del horizonte blanco, del andar confiado. No hay con qué tropezarse.

“¡Ciérrate, sésamo!” es la despedida que exige este relato. No la obtendrá. En la tierra de la libertad, las ventanas se cierran con un ladrido.

—¡Guau, guau! —dice un perro argentino.

A lo lejos, flota un globo. Se parten de la risa las olas.

NATALIA DOÑATE


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