Si tuviera que simplificarlo te diría que echáramos un vistazo.
Ahí donde tus ojos no alcanzan se escucha un ruido extraño.
Y yo que soy de dar tantos rodeos y retorcer mucho las tuercas, sin que siquiera estén puestas, vuelvo a girarlas con un golpe de muñeca.
La frustración a veces te obnubila y la cuestión es que cuando la compresión te falla inmediatamente sientes que ya no puedes y que no se puede hacer ya nada.
Y yo pensando que faltaba chispa y todo radicaba en un pulso que no acompasaba.
Pero me costaba tanto prestar atención a aquello que me estabas gritando que yo seguí creyendo que la culpa ahí no estaba.
Y con la rabia rugiéndome de cerca que no valías nada, me quedé observando aquella mariposa que pasaba y aleteaba.
Y como si de magia se tratara me di cuenta de nuestro parecido y al igual que mi corazón necesita de un latido y mis pulmones dar un buen respiro.
Tú exigías lo mismo de una pieza estropeada.
Y con un poco de picardía y ninguna expectativa, resurgiste rodando fuerte y con el alma avivada.
Y aún siendo una noche prolongada volvimos a casa como si nunca hubiera sucedido nada.
@Sara Cortes
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