Seguimos viviendo en la naturaleza
nos asustan otras formas de la noche
nos asusta el futuro.
La voz que nos cuenta las historias
es siempre una voz como la nuestra
el sonido interior de la burbuja.
La ciudad es el implante predilecto
una promesa inexigible
un repertorio de disfraces.
Caminamos frágilmente las calles
como juguetes rotos
como animales heridos.
Tratamos de encontrar un silencio
la sombra de un rostro familiar
para ejecutar los rituales del cuidado.
Para recuperar lo que perdimos
en el amontonamiento involuntario
en la aburrida tempestad cotidiana.
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