Cuando encontré mi gato naranja ,abandonado en un baldío, yo no sabía nada de los gatos naranjas, de sus especiales particularidades, en realidad no sabía nada de los gatos, porque siempre me había criado con perros, de los que sabía todo, o casi todo. Luego de un tiempo había que castrarlo para que no salte por las paredes como un trapecista loco. Una mañana lo introduje dentro de un bolso rojo de cuero, donde solo podía asomar su pequeña cabecita para poder respirar a través de la cárcel de los cierres apenas entreabiertos.
El viaje en colectivo fue bastante normal, miraba absorto el mundo a través del tráfico enloquecido de las calles, yo lo acariciaba para calmarle el stress, creo que sabía que lo esperaba un quirófano, no me pregunten cómo pero lo sabía, su mirada de angustia lograba convertirme en un improvisado criminal.
Cuando llegamos al complejo veterinario municipal, había una larga fila de futuros castrados en la vereda, todos en estado de máxima tensión ante lo inevitable, abrazados a sus respectivos dueños y dueñas compungidos. Uno alcanzó a escapar cruzando la calle como un rayo esquivando un colectivo y se trepó a los techos a través de un árbol. Cuando llegaron los veterinarios, eran tres, Dumas lo miro con sus ojos verdes esmeralda y los amenazó de muerte con un pequeño rugido, ofreciendo sus pequeñas garras como lanzas de guerra.
Uno de los veterinarios lo tomo con los brazos protegidos por los arañazos y envolviéndolo en una toalla lo introdujo en su consultorio que tenía una pequeña placa de bronce que decía, » Doctor Gamarra».
En pocas horas, el Doctor me dijo que salió todo bien y que espere un poco porque todavía estaba bajo los efectos de la anestesia, tenía los ojos gigantes como los personajes de los dibujos animados japoneses y las orejas cansadas hacia atrás.
Cuando llegamos al departamento, lo acosté en la cama que yo creía que era mía, después con el tiempo él me hizo entender que me autorizaba a compartirla todas las noches, que no tenía problemas. Se lo agradecí.
Lo bautice Dumas como el Chef, pero los gatos naranjas son emisarios del Diablo que me eligió detrás de la sonrisa tramposa de la adopción. Así fueron pasando los días y las semanas como inquilino de mi gato en mi propio departamento. Un domingo gris y frío, comenzé a estudiar su extraño comportamiento frente a los vidrios de las ventanas. Estoy seguro que a pesar de darme la espalda, el sabía perfectamente que lo estaba observando pero como son seres vibratorios, me tenía controlado bajo el aura de su frecuencia.
Sólo giro levemente su cuello hacia atrás dirigiéndome una mirada intimidatoria y un leve rugido anti social de advertencia, cuando se dio cuenta que lo había descubierto mirando por la ventana a tres gatos diferentes de los departamentos linderos.
Parecía como que estaban hablando a través del silencio en un lenguaje sensorial, pero yo sabía que estaban planeando algo malo porque justo los vi a los cuatro mirando en la misma dirección a la pescadería «Antuña», que estaba frente al edificio, con su lona naranja fosforescente, como una bengala en el mar de la oscuridad.
Al otro día, el encargado del edificio nos cito a mí y a tres vecinos más, a una reunión, a través de una nota intimidatoria en el ascensor.
» Los dueños de la pandilla de gatos del piso 7,los esperamos a las 21.00 hs en la sala de reuniones de planta baja. Además de mí, que era el departamento 27,fueron conminados, Sandra del 26,la repostera, dueña de » Varela «,el gordo Rufino del 28,gremialista de comercio, dueño de » Félix», y la Tarotista vidente del más allá, Samantha, del 29,dueña de » Cat «, casualmente dos hombres y dos mujeres, dueños de dos machos y dos hembras.
Llegamos en punto a la hora señalada y ya estaban presentes el presidente del consorcio, el Doctor Lisandro Virreyes, abogado penalista, el dueño de la pescadería, Carlos Antuña y el Comisario Pedro Rufiani, de la comisaría cuarta del barrio. Casualmente los tres portaban tupidos y alineados bigotes de barbería, que les daban un aspecto antiguo y singular.
También había dos vecinos más que oficiaban de testigos, el Ingeniero Hidráulico Lozeco,
maratonista amateur del piso 8,departamento 31 y la pensionada con la mínima, Clotilde Murano, del mismo piso ,departamento 32.
Había un clima evidentemente tenso en el ambiente luego de las presentaciones de rigor, pero lo que más me llamó la atención fue la presencia de un televisor con video casetera sobre la mesa.
El Doctor Virreyes fue el que rompió el hielo directo al hueso.
_ Nuestro vecino, el comerciante Carlos Antuña, denunció al consorcio ante la policía, porque en la noche de ayer una pandilla de gatos ladrones irrumpió en su negocio y desbastó la producción de su heladera exhibidora. Trae aquí como prueba irrefutable los videos de su cámara de seguridad que procederemos a ver a continuación, donde se los ve nítidamente a sus gatos devorando las reservas de atún y merluza, para luego tener sexo explícito entre los cuatro, en una orgia felina sin precedentes en el barrio._
_ ¡¡Es porque los dueños son swingers !!! _ aporto Clotilde, la pensionada con la mínima del piso 8.
_ Por favor Clotilde, cordura ,se lo pido.._
A continuación, el comisario Rufiani, coloco los videos y apretó play.
El espectáculo era dantesco, una pandilla de gatos rufianes, los nuestros, devorando pescados sin pausa, arrasando con avidez toda la mercadería y escenas de sexo explícito rayanas con la pornografía.
No sabíamos donde meternos y el Ingeniero Lozeco no paraba de reírse mientras el dueño de la pescadería nos miraba con un genuino desprecio. No teníamos escapatoria para defender lo indefendible porque las imágenes eran contundentes pero los tres dijimos lo mismo al unísono.
_ Esos no son nuestros gatos !!!! _
_ Además las imágenes son en blanco y negro _ dijo el gordo Rufino, el gremialista del 28 .
_ Además mi gato durmió conmigo toda la noche_ dije yo.
_El mío se fue a una casa de campo que tenia una plaga de ratones en Sauce Viejo._ dijo Sandra ,la repostera del 26.
_ Y el mío estuvo con fiebre toda la noche mintió con profesionalismo Samantha, la Tarotista vidente del 29.
El Comisario, el presidente del Consorcio y el comerciante se pusieron de pie mientras el video seguía mostrando las destrezas sexuales de la pandilla.
_ Bajen el volumen por favor .-
pidió la pensionada. El Ingeniero Lozeco seguía riéndose hasta con lágrimas en los ojos.
_ Ingeniero, por favor ,esto es serio_ dijo el Doctor Virreyes.
_ Vamos a tener que realizar una inspección ocular_ dijo el comisario._ Para constatar la presencia de los felinos, tomar fotografías y comparar con los videos, más las huellas necesarias _
Ya el comerciante de la pescadería miraba el piso resignado.
_ Permitamos una última reunión en privado _ pidió Samantha, la Tarotista vidente.
_ De acuerdo _ Dijo el Doctor Virreyes.
Samantha nos reunió en un rincón alejado y murmurando en voz baja como rezando un secreto milenario, se beso el collar de talismanes y nos pidió que nos abracemos fuertemente en círculo y nos besemos cruzándonos para que nuestros gatos, puedan sentir las vibraciones del peligro y tengan tiempo de esconderse. Y así lo hicimos con frenesí, yo besé a Samantha aprovechando la situación y Sandra la repostera, al gordo Rufino, el gremialista, invocando el nombre de nuestras mascotas al cielo.
_ Les dije que son swingers estos degenerados Comisario _ acotó Clotilde.
_ Los voy a denunciar en Moralidad Pública _
_Esa dependencia no existe más señora _ aclaro el Comisario al pasar.
_ Señorita Comisario,
señorita…
Fuimos entrando uno a uno a los cuatro departamentos y ni rastros de los gatos, nada. El Ingeniero Lozeco se tapaba la boca para no reírse más.
El Comisario dio por finalizado el allanamiento, la infructuosa búsqueda, labrando un acta de oficio y de a poco todos volvimos a nuestras vidas, a nuestros mundos, con nuestros gatos que nos esperaban en los lugares secretos de siempre.
Me quedé pensando que Samantha besa muy bien, deben ser las fuerzas del cielo, las vibraciones.
Capaz que es gata también.
@Jesús María Cello.
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