martes, mayo 26 2026

Esto no lo arregla ni Mazantin el torero By Francisco Bravo Cabrera

Entre los tantos dicharachos cubanos hay uno que me encanta: “¡Ni Mazantin el torero!” Suelen decir esto cuando las cosas se ponen duras y no hay quien arregle la cosa, bueno, ni Mazantin el torero. Esto quizá lo digan en algún otro país también, no sé, yo lo aprendí en Miami conviviendo con el exilio histórico cubano. O sea con los que huyendo del comunismo llegaron a esa ciudad a principios de la década de 1960. No eran inmigrantes, ojo, eran exiliados políticos que EEUU les dio refugio.

Pero ¿Quién era Mazantin el torero? Se llamaba Luis Mazzantini, natural de Elgóibar, Euskadi, varón que nació en 1856. Fue un gran personaje y un gran torero y un hombre elegante, culto, y preparado, que cuando se retiró de los ruedos llegó a ser concejal en el Ayuntamiento de Madrid, teniente de alcalde, miembro de la Diputación Provincial y gobernador civil de las provincias de Guadalajara y de Ávila.

Mazzantini, de porte monárquico, se podía codear con la gente de alcurnia tan fácilmente que con los de la farándula. Su padre, que era italiano se lo llevo a Italia a estudiar, y Luis adquirió allá su Bachiller en Artes. Era un tío simpático y se hizo muy popular entre todos, y todos lo consideraban un hombre de grandes conocimientos y lo admiraban también por su gentileza.

Don Luis fue caritativo y muy consciente de las necesidades de los demás. En Cuba, donde pasó varias temporadas, dio gran parte de sus ganancias a organizaciones benéficas y siempre fue muy amado por todos. Vestía bien, hablaba bien, seducía en los salones y en el ruedo era un fenómeno. En Cuba ofreció dieciséis matanzas todas grandemente aclamadas por el público. Se dice que el gran torero, también cautivador de mujeres, tuvo un romance con la actriz Sara Bernhardt cuando esta estaba haciendo temporada teatral en La Habana.

Aparentemente Don Luis, perseguidor de la fama, decidió ser torero. En 1884, tras su periodo de novillero, confirmó su alternativa. Su carrera en las plazas coincidió con el ocaso de las de grandes toreros como Lagartijo y Frascuelo. A Mazzatini, también conocido como el Señorito loco, se le consideró un gran estoqueador y de ahí vino el apodo de Don Luis. Y él, siempre buscando mejorar las cosas, logró que le dieran mejores honorarios a los diestros. Mató tres mil toros y llegó a ganar seis mil pesetas por corrida, esto en la última década del Siglo XIX.

Se cortó la coleta cuando murió su mujer en 1905 y entonces fue cuando se dedicó a la política. Mazantin el torero murió en Madrid en 1926 posiblemente de complicaciones por una cardiopatía.

Entonces, como las cosas en este mundo van de mal en peor… Dicen que el futuro es incierto, pero el presente lo es también. Vemos como nos siguen amenazando con guerras y las guerras son cada vez más crueles y sangrientas; los terroristas siguen abatiendo contra inocentes civiles; los gobiernos solo se preocupan por permanecer en el poder; los derechos y libertades, que se habían ganando en un ayer, hoy nos los limitan con leyes y más leyes y hasta con algoritmos computarizados; la inteligencia natural va en deficiencia mientras que la inteligencia artificial va en alza; los nuevos líderes se creen que la libertad es lo mismo que la igualdad…  y de ser esto así, nos iremos todos a la mierda. Entonces podríamos decir que esto no lo arregla ¡Ni Mazatin el torero!

Francisco Bravo Cabrera – 19/26 de marzo de 2025 – Escuchando a Charles Mingus – Valencia


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