martes, mayo 26 2026

Traído desde el pasado. by M. D. Álvarez

En aquella cápsula había alguien más, pero era demasiado pequeña, y tras el registro pormenorizado que le realizó, no logró encontrar a nadie. Su sentido de lobo nunca le había fallado; él era el único en aquella pequeña nave de escape.

Nadie más logró salir de la gigantesca aeronave, ni el amor de su vida, por la que hubiera preferido morir. Ella no había logrado llegar a las cápsulas de salvamento. El dolor por su pérdida era aterrador porque lo empujó dentro y le dijo:—Tú debes sobrevivir.

En cuanto se puso a los mandos, supo que él no tenía el control; la nave se dirigía a un lugar preprogramado.

¿Ella lo sabía? Se preguntó.

Transcurrido un año y nueve meses, ante la pequeña cápsula aparecía un pequeño planeta azul. Las coordenadas eran desconocidas para él. Hizo un análisis de la atmósfera y de posibles especies vivientes. Cuál fue su sorpresa: la atmósfera era respirable y la población era avanzada. Buscó una zona aislada y aterrizó. El dolor por la pérdida seguía con él, al igual que la sensación de no estar solo.

Buscó una población y se dirigió a ella. En cuanto lo vieron, su aspecto fiero los asustó, enviando al ejército para que lo eliminara. De no ser por aquella joven de ojos verdes que se acercó en contra de las órdenes de los mandos.

—Has vuelto —dijo ella con mirada dulce.

Él no lograba comprender qué ocurría. Era ella, el amor de su vida; la única que se acercó. Lo había reconocido por el uniforme. Su aspecto había cambiado de forma dramática; su aspecto humano estaba encerrado en aquel brutal hombre lobo.

«¿Cómo es posible? Te vi morir», dijo dolorido.

«Ni yo tampoco lo comprendo. Algo nos trasladó a este hermoso planeta azul, pero no pudo traerte a ti. Ese algo te trajo aquí por otros medios», respondió ella, pensativa.

«¿Y esos?», dijo él, viendo a un batallón apuntándose con sus armas.

«Tranquilo, yo me encargo», dijo ella, dándose la vuelta y dirigiéndose al mando. Habló a solas con él y después voló. «Ya está arreglado. Le he dicho que no eres una amenaza para nadie».

«Pero sabes que eso no es verdad», dijo él, apesadumbrado al recordar cómo, tras su transformación, había aniquilado a casi todo su equipo.

«Lo sé, pero si ese algo que nos trajo te hubiera considerado un asesino, ¿crees que te hubiera traído hasta aquí? Nos ha concedido una segunda oportunidad y no debemos desaprovecharla», dijo ella, tomándolo de la mano.

Aquel fue un día memorable en la historia de aquel aterrador hombre lobo y del amor de su vida.

Su aspecto humano nunca volvió, pero los sentimientos que albergaba por ella lo hicieron parecer menos aterrador a las gentes de su nuevo hogar.

Fin

M. D. Álvarez


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