Amo el otoño,
con sus días menguantes
bañados en néctar de melancolía.
Amo los lunes,
víctimas del odio intransigente,
llenos de vida
tras el hastío dominical.
Amo el frío,
que me levanta del letargo
de las tardes oscuras tras la ventana.
Amo la incertidumbre del corazón,
que sacia mi deseo de volver a empezar.
Amo los confines
y la idea de traspasarlos.
Amo la muerte
que me hace desear la vida.
Aunque tú no lo entiendas.
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