Merece la pena plegar las velas, naufragar y quedarte solo,
esperar un trozo de madera o un salvavidas al que agarrarte,
y empezar de nuevo, pero seguir siendo tú.
Merece la pena fracasar por seguir tus instintos,
o perder amigos que piensan que tu entereza está a la venta.
Merece la pena mirarse en el espejo para encontrar la mirada limpia,
la sonrisa franca, y unas cuantas arrugas tatuadas por el paso del tiempo.
Merece la pena convertir tu integridad en tu lema, tu epitafio, tu canción.
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