6
El encuentro de la muchacha desnuda y en estado de shock junto al cadáver del comisario había creado conmoción. El arma era un cortapapeles que pertenecía al funcionario y se encontraba sobre el escritorio. Quienes estudiaban el caso descartaron que se tratara de la joven, ya que se estaba en un coma profundo. Sin embargo, las únicas huellas eran las de Yelizaveta y aparecían en lugares alejados del closet donde yacía.
A la semana recibió una citación judicial y Nikolai la acompañó. Al declarar ante el Juez, la muchacha se mostró serena y afirmó que sus recuerdos empezaban el día en que salió del coma en la clínica, junto a su familia.
Dos semanas después de su despertar, volvieron a casa del doctor Petrov, quien tenía todo dispuesto para la sesión de hipnosis.
Primero exhibió algunas curiosidades; un trípode para cazar espíritus que había traído de Borneo y un perro bizco nacido en la Selva Negra, que podía percibir cosas invisibles para los humanos. Cuando lo hacía, sus ojos se enderezaban.
Desde su recuperación, Yelizaveta había estado muy callada, pero esa tarde se mostró locuaz y habló durante media hora acerca de los planes que había hecho con su esposo. Deseaban viajar, recorrer el mundo.
Cuando llegó el momento de la sesión, el médico entró con Yelizaveta a un gabinete privado. A la media hora, Nikolai escuchó un grito angustiante. y ante un segundo gemido golpeó la puerta del cuarto. No obtuvo respuesta y entró. Petrov miraba con gesto abatido la esfera, apoyada en la mesa y recorrida por los crujientes rayos azules.
— ¿Qué pasó?
El médico estaba pálido; se limitó a negar con la cabeza.
— ¡Otra vez la esfera! — exclamó Nikolai — ¡Esto es una pesadilla…!
Tomó la bola con las manos y apenas su piel acarició la superficie sedosa, las imágenes se precipitaron. Supo lo que había sentido Yelizaveta. Al principio una paz absoluta, una carencia total de sentimientos. Luego el deseo oscuro de salir de allí. Se gestó lentamente en el centro de la esfera y se transformó en una niebla negra que presionaba las paredes, tratando inútilmente de romperlas.
Yelizaveta imaginaba todo tipo de crímenes y con ello fortalecía su afán de vivir. La sangre corría a chorros y la joven se veía a sí misma recorriendo desnuda campos de batalla donde devoraba los cadáveres, llenando su boca de sangre seca y pudrición. Odio, venganza, deseo casi sensual de matar. Era lo único que destrozaría la esfera.
Sin poder apartar sus manos de la superficie sedosa y brillante que cosquilleaba en sus palmas, Nikolai siguió con las visiones.
En el momento en que el comisario la acariciaba en su oficina, la esfera se rompió y surgió Yelizaveta. Cuando el policía la vio desnuda frente a sí, retrocedió sin saber qué hacer.
— Señorita, puedo ayudarla. No se asuste…
Lo desconcertaba el odio que veía en los ojos de la muchacha. Antes que pudiera reaccionar, Yelizaveta tomó el cortapapeles del escritorio, avanzó hacia él y lo clavó tres veces en su yugular. Luego perdió fuerzas, caminó sin rumbo por la habitación y cayó en el closet donde la habían encontrado.
Nikolai supo que las visiones no habían terminado. Intentó retirar sus manos, pero las palmas estaban pegadas a la piel sedosa y vibrante. Había visto el pasado y ahora la esfera le mostraría el futuro.
La sala de su casa. Yelizaveta bailaba para él, seduciéndolo. Luego lo besaba y empujaba a la cama. Nikolai sentía el cuerpo caliente de su esposa, los movimientos, los gemidos. Estaba más hermosa y apasionada que nunca. En medio del deseo, advirtió el miedo en sus entrañas, el espanto de transformarse nuevamente en una esfera.
No le extrañó verla empuñando un par de tijeras a las que un momento después sintió clavadas en su cuello. La muerte no fue otra cosa que la inmovilidad de la esfera en la que él mismo ideaba crímenes espantosos para volver al estado humano.
Nunca supo de dónde llegó el golpe que lo apartó. Cayó desmayado y cuando recobró el conocimiento vio a Petrov que ponía esencia de alcanfor en su nariz y mojaba su cara.
— ¿Qué pasó?
— Logró ver lo que esconde la esfera — sobre la mesa, bajo la luz de la tarde, los rayos azules le daban un aire de lejanía y hermosura.
Petrov encendió un par de sahumerios traídos de Hiperbórea. El humo tranquilizó a Nikolai.
— Pudo ver y sentir el odio que necesitó Yelizaveta para regresar al estado humano. Esa es la discordia a la que se refiere Empédocles, sólo que en vez de extenderse en un largo proceso cósmico, se manifestó en el curso de una existencia. El tiempo de los astros y de los dioses no es el tiempo de los hombres.
— Entonces estamos en este mundo por odio, no por amor.
─ A alguien que anhelaba un universo donde sólo existiera el amor, Empédocles le dijo que era un iluso, que si eso llegara a existir, todos moriríamos. Yo creo que sus enseñanzas hablaban de un sutil equilibrio entre el amor y el odio para que la vida florezca. El sentimiento de Yelizaveta es demasiado poderoso y para vivir como ser humano, debe desplegar la discordia. Sólo de esa forma podrá volver a tener miembros y a reír bajo el sol.
— Todo eso está bien, Petrov, pero ¿qué hacemos ahora?
— Ella regresará, pero el odio que necesita es tan intenso que no vacilará en matar al que encuentre frente a sí, como ocurrió con el comisario.
— ¿Qué solución hay?
— No debería dejar su condición de esfera. Lo ideal es que permanezca aquí. Toda mi vida he cuidado que esta mansión tenga como característica la Armonía. Puedo afirmar que este lugar es una esfera virtual. Aquí ella podrá vivir plácidamente y quizá en algún momento su infierno desaparezca. La discordia es fuego, y el fuego se consume al arder.
Al discutir esta propuesta surgieron los problemas.
— Cuando se convirtió en esfera por primera vez me detuvieron porque sospechaban que la había matado. Su padre es un hombre poderoso y si vuelve a desaparecer, yo seré el culpable. ¿Hay otra alternativa?
Discutieron varias soluciones. Cerca de la medianoche, se habían reducido a tres
Decirle la verdad a la familia con todas las consecuencias.
Inventar un viaje de Yelizaveta.
Reducirla y amarrarla cuando saliera de la esfera.
— Hay algo que no hemos discutido — dijo Nikolai después de revisar las opciones — Yo nunca podría alejarme de Yelizaveta ni hacerle daño, porque la amo.
— Nikolai, estos planteos son teóricos. Nos limitamos a discutir posibilidades.
— Tampoco puedo dejarla con su forma de esfera, quiero verla, estar con ella…
Nikolai tragó saliva varias veces.
— Hay otra posibilidad que no incluimos — dijo por fin — no me preguntó si quería que Yelizaveta volviera, sin importar el precio
— Dejaría que ella lo asesine
— Sí.
— Me temo que no es una posibilidad, sino una certeza. Usted lo vio en su futuro; además, es su reacción lógica. Ella no tiene control sobre sus actos. Para dejar de ser esfera, no hay otra salida que el odio.
— Quiero volver con ella y viviremos juntos. A pesar de la profecía que presencié esta tarde, no creo que vaya a matarme.
— Yo no estaría tan seguro.
- Si es así, yo mismo pondré un arma en sus manos. No puedo seguir viviendo en estas condiciones.
— Es su vida y la respeto, pero debiera meditarlo mejor.
— Le propongo algo, doctor. Yo iré a mi casa con Yelizaveta y usted nos buscará al amanecer. Se hará cargo de mi cuerpo si me ha matado. Si no, seguiremos esperando…
El médico intentó disuadirlo una vez más, pero Nikolai tomó la esfera y la apretó contra sí.
— Me voy, Petrov. Decido quedarme con mi esposa.
@Gocho Versolari.-Escritor, poeta y ensayista.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.