lunes, agosto 31 2026

Mar interior por Feliciano González y María José Luque

Lejano de la calle el mar
Busqué en las calles la ensenada
de sal y rocas guarecida;
surqué otra playa perdida,
no halle la mar:

(¿dóndes susurras
olas de invierno?)

playa varada
de adoquines me devolvía
en las farolas apagadas
rostros de soledad del día
y, abandonadas, blancas noches.
Manos de palabras vacías
hablaron, pero no encontraron
nada.

(¿Dónde navegas
barcas de invierno?)

Me hieren palmas afiladas
altas de paredes vacías.

Rehén del salitre
Caía el día sobre la esquina
sin barcos, ni una campana.
Me habló la brisa lejana
con voz de cal:

(¿quién me responde
si ya no hay puerto?)

El mar sin agua
resuena en la costanera
como promesa quebrada.
Se va la sal por la acera
desdibujada.

No queda espuma,
sólo papeles al viento
y un par de nombres sin dueño
en la duna.

(¿qué estás buscando
si no hay invierno?)

La calle es yugo de arena
que no moja ni condena

Presagios de arribada

La piel recala en la avenida.
Un estribor herido,
una retina seca
y un corazón salino
chalanean.

 

Dieron la voz de la arribada.
Un asalto de fuego,
una garganta cierta,
una isla de cemento
se despiertan.

Clavaron cruces de madera.
Una maleta azul,
una camisa vieja,
y un perro de luz
se pasean.

 

Relatos de marejada

Silencio baja por la cuesta
como un timón sin rumbo.
Los muros, con sal y tumbo,
guardan su voz.

(¿quién te recuerda
cuando no hay puerto?)

Sombra en la puerta,
la tarde escapa a la deriva,
como una brújula muerta.
La ropa vieja aún cautiva
una promesa desierta.
Cantan sirenas cautivas
desde un balcón sin bandera
abierta.

(¿quién te levanta
velas de invierno?)

Solo una red, casi entera,
llora en la acera.

La ola es palabra

La ola es palabra y es pluma
la arena es papel
y es espalda

no hay luz que abarque la presencia
tampoco abismo
mera sombra

vidas de peces rojos
náufragos
ya antes de florar la vida

ondeando en un mar sin destinos
un cuerpecillo leve
implora

la mano que duerma sus ojos
no llega ni arrulla
es tarde.

Luz de arcilla

Bajo la sal de la lluvia se apagaron
los nombres en las paredes.
Ya no hay faroles, ni redes
ni sal que escueza.

(¿dónde respiras
mar desvelado?)

Sombras de muertos
caminan por las arenas
con un abrigo de polvo.
La luna flota en las ruinas
de algún otro mundo.

Los pasos silenciados,
no dejan huella en el suelo,
ni en el vidrio de la espera
que no consuela.

(¿qué mar sostiene
almas de niños sin cielo?)

Pasan gaviotas de piedra
que no recuerdan ya la marea.

 

@Feliciano González & María José Luque Fernández

@Fotografía Feliciano González


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