– Damelá, nena, yo la tengo, hacé lo que dice tu papá – Isabel se apresuró a tomar a su hija.
– La chica esta no quiere tomar la mamadera – dijo la adolescente mientras salía del rancho.
– Es que está muy caliente. Dejá que la enfrío.
Mientras ponía la mamadera en una jarra de agua fría, Isabel miró el rostro serio de la Paca. La frase estuvo por salir : «no como desde hace tres días», pero no se animó. El hambre era tan enorme, tan colosal que de confesarla temía tragar la nueva casa, el mobiliario de la Paca y hasta a sus propios hijos.
Mientras el Eulogio salía y se montaba al carro para cirujear, en la televisión se escuchó un música melosa, y los títulos con letras con encaje anunciaron la telenovela de la tarde: Los seres celestes también comen… La Paca, súbitamente reconciliada con Isabel se sentó junto a ella.
– Está muy buena. Ayer había quedado en que ella le confesaba al amante que eran hermanos…
En la pantalla, una joven lánguida se movió en una casa lujosa. Se acercó y alejó a una heladera, caminando nerviosamente de un lado al otro de un comedor amplio
– La pobrecita es… no me acuerdo cómo se llama – explicó la Paca – Es de esas mujeres que quieren adelgazar, comen y después vomitan….
En la pantalla el personaje había abierto la heladera, sacando varias fuentes con pollo, carnes asadas y postres, que colocó sobre la mesa. Comió rápida y desordenadamente, casi atragantándose. De pronto alguien se acercó y el personaje se detuvo con la boca llena de pollo. Betina, no esperaba esto de ti: devorando en mitad de la noche, como una ladrona de tu propia felicidad…. De inmediato la chica escupió el bocado y se alejó de allí, corriendo al baño. En las escenas siguientes se la tomó inclinada sobre el inodoro y vomitando.
– Tenés razón, Eulalia, la nena no me come.
Isabel había enfriado la mamadera y trataba de introducirla entre los labios apretados de la niña.
– ¡Mirá! ¡Mirá lo que sigue…!
En la pantalla colorida surgieron figuras de hombres y mujeres besándose intensamente. Eulalia sirvió bizcochos en un plato. Al verlos, la boca de Isabel se llenó de saliva; sus manos temblaron, amenazando con precipitarse sobre la comida.
– Servite – dijo la Paca – tanto que jodías con los bizcochitos, y ahora los dejás ahí.
En la pantalla, en medio de una música tonante, la protagonista había vuelto a comer desaforadamente. Isabel sabía que con sólo tomar uno de aquellos bizcochos, perdería el control y se convertiría en un animal salvaje. Sostenía a su hija con fuerza; la niña tenía los ojos entornados, como si estuviera dormida, pero se quejaba suavemente.Un poco más allá sus otros dos hijos, jugaban con los niños más pequeños de la Paca.
-Es que estoy preocupada por la niña. Desde ayer que no ha comido más que unas gotas de leche.
La protagonista de la telenovela, había vuelto al baño a vomitar. Eso dio una idea a Isabel, quien, al constatar que nadie la miraba, tomó en una de sus manos varios bizcochos: eran pequeños, salados, tiernos.
– V’ia pasar al baño… permiso Paca.
Su vecina hizo un gesto con la mano. Isabel fue hasta la letrina y engulló los bizcochos, atorándose con ellos. Los tragó casi enteros, sintiendo que llegaban a su estómago. El vacío pareció cerrarse como una boca. Salió. Siempre llevaba apretada a la niña contra sí. El tiempo que tardó en volver a entrar a la casa de la Paca, sintió que el hambre regresaba En el momento en que llegó a la pieza, su hijo más pequeño estaba comiendo el último de los bizcochos. La Eulalia le alcanzó un mate y lo tomó con ansiedad, bebiéndolo sin detenerse cuando la bombilla rezongó al dejar pasar el aire.
– Mirá Isabel – la Paca señaló la telenovela – Acá están la madre y la hija y ninguna de las dos lo sabe…
– ¡Papá! ¡Viene papá! – gritó su hijo Ariel. Isabel se levantó.
– ¡Papá…!
La Paca siguió sentada con la vista fija en la pantalla. Isabel se asomó a la calle; desde el monte, al fondo de la villa avanzaba el carro arrastrado por el caballo.
– Paca, te tengo que dejar, llega el Carmelo.
– Por mí te podés ir.
@Gocho Versolari
@Imagen Pinterest
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