martes, mayo 26 2026

Isabel Capítulo 4 por Gocho Versolari

–  Damelá,  nena,  yo la tengo, hacé lo que dice  tu  papá  – Isabel se apresuró a tomar a su hija.
 – La chica esta no quiere tomar la mamadera – dijo la adolescente mientras salía del rancho.
 – Es que está muy caliente. Dejá que la enfrío.
 Mientras ponía la mamadera en una jarra de agua fría,  Isabel miró  el rostro serio de la Paca. La frase estuvo por salir  : «no  como desde hace tres días», pero no se animó.  El  hambre era tan enorme, tan colosal que de confesarla temía  tragar la nueva  casa,  el mobiliario de la Paca y hasta a  sus  propios hijos.
 Mientras  el Eulogio salía y se montaba al carro  para  cirujear,  en  la televisión se escuchó un música  melosa,  y  los títulos  con letras con encaje anunciaron la telenovela de  la tarde: Los seres celestes también comen… La Paca, súbitamente reconciliada con Isabel se sentó junto a ella.
 – Está muy buena. Ayer había quedado en que ella le confesaba al amante que eran hermanos…
 En  la  pantalla,  una joven lánguida se movió  en  una  casa lujosa. Se acercó y alejó a una heladera, caminando  nerviosamente de un lado al otro de un comedor amplio
 – La pobrecita es… no me acuerdo cómo se llama – explicó la Paca  –  Es  de esas mujeres que quieren  adelgazar,  comen  y después vomitan….
 En la pantalla el personaje había abierto la heladera, sacando   varias  fuentes con pollo, carnes asadas y  postres,  que colocó  sobre la mesa. Comió rápida y  desordenadamente,  casi atragantándose. De pronto alguien se acercó y el personaje  se detuvo con la boca llena de pollo. Betina, no esperaba esto de ti:  devorando  en mitad de la noche, como una ladrona  de  tu propia felicidad…. De inmediato la chica escupió el bocado y se alejó de allí, corriendo al baño. En las escenas siguientes se la tomó inclinada sobre el inodoro y vomitando.
 – Tenés razón, Eulalia, la nena no me come.
 Isabel  había enfriado la mamadera y trataba de  introducirla entre los labios apretados de la niña.
 – ¡Mirá! ¡Mirá lo que sigue…!
 En la pantalla colorida surgieron figuras de hombres y  mujeres  besándose  intensamente. Eulalia sirvió bizcochos  en  un plato.  Al verlos, la boca de Isabel se llenó de  saliva;  sus manos temblaron, amenazando con precipitarse sobre la comida.
 – Servite – dijo la Paca – tanto que jodías con los bizcochitos, y ahora los dejás ahí.
 En  la pantalla, en medio de una música tonante, la  protagonista  había vuelto a comer desaforadamente. Isabel sabía  que con sólo tomar uno de aquellos bizcochos, perdería el  control y se convertiría en un animal salvaje. Sostenía a su hija  con fuerza;  la niña tenía los ojos entornados, como si  estuviera dormida, pero se quejaba suavemente.Un poco más allá sus otros dos hijos, jugaban con los niños más pequeños de la Paca.
 -Es  que estoy preocupada por la niña. Desde ayer que  no  ha comido más que unas gotas de leche.
 La  protagonista  de la telenovela, había vuelto  al  baño  a vomitar.  Eso dio una idea a Isabel, quien, al  constatar  que nadie  la miraba, tomó en una de sus manos  varios  bizcochos: eran pequeños, salados, tiernos.
 – V’ia pasar al baño… permiso Paca.
 Su  vecina  hizo un gesto con la mano. Isabel  fue  hasta  la  letrina   y  engulló los bizcochos, atorándose con ellos.  Los tragó  casi enteros, sintiendo que llegaban a su  estómago.  El vacío  pareció cerrarse como una boca. Salió. Siempre  llevaba apretada a la niña contra sí. El tiempo que tardó en volver  a entrar  a la casa de la Paca, sintió que el  hambre  regresaba  En  el  momento en que llegó a la pieza, su hijo  más  pequeño estaba  comiendo  el último de los bizcochos.  La  Eulalia  le alcanzó un mate y lo tomó  con ansiedad, bebiéndolo sin  detenerse cuando la bombilla rezongó al dejar pasar el aire.
 –  Mirá Isabel – la Paca señaló la telenovela – Acá están  la madre y la hija y  ninguna de las dos lo sabe…
 – ¡Papá! ¡Viene papá! – gritó su hijo Ariel. Isabel se levantó.
 – ¡Papá…!
 La  Paca  siguió sentada con la vista fija  en  la  pantalla. Isabel  se  asomó a la calle; desde el monte, al fondo  de  la villa avanzaba el carro arrastrado por el caballo.
 – Paca, te tengo que dejar, llega el Carmelo.
 – Por mí te podés ir.
@Gocho Versolari
@Imagen Pinterest

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo