martes, mayo 26 2026

…La muerte se viste con pieles de gatos negros por Francisco Javier Salinas

 Diario de Javier….
La muerte se viste con túnicas de gatos negros , lo sé , yo la he visto muchas veces , grapada a sus silencios…
Hoy he decidido escribir un diario , quizás para paliar la soledad que cuelga como esa luz suspendida en el techo , o tal vez para cuando ya no esté , por lo menos las páginas sean los testigos guardianes de cada palabra, que olvidará la memoria por sus trasteros…el tiempo parece a veces desdoblarse hacia delante y hacia atrás en un parpadeo.
A veces miro desde la ventana del hospital las ambulancias que traen a los que se van  y otras a los que se quedan. Justo enfrente  en la calle exterior , hay un edificio abandonado, no se cual era su color original , o tal vez alguna vez lo supe, –  los momentos caen junto a sus memorias – las lunas que desfilan igual que flashes han devorado a mordidas su fachada , era de seis plantas , una parte se ha derrumbado y entre un montículo de escombros a veces logro verlos…
Han colocado una valla metálica de seguridad a su alrededor, pero desde mi habitación en la planta nueve tengo una gran perspectiva , siempre pedí que mi cama estuviera lo más cerca posible de la ventana;  me gusta observar el cielo y más que nada la lluvia, su sonido al chocar en el alfeizar , las gotas resbalando por el cristal  y el brillo húmedo de la carretera mojada , refractando espejismos de luz que el cartel de neón con las letras de Urgencias implantan en los charcos; pero sobre todo , me pego horas contemplando el edificio semi derruido. Cuando anochece veo a los silenciosos gatos negros asomados en las ventanas,  se quedan inmóviles oteando el trasiego externo del hospital…  gente angustiada , derrotada de destinos , muchos llorando , otros hablando con el cielo , y las batas blancas o verdes se vuelven hormigas obreras  con su continuo fluir entre sirenas rojas de ambulancias.
A veces , cuando el dolor es muy fuerte  y ni los analgésicos conectados a mis brazos por vía intravenosa  logran apaciguar ese monstruo que se ensaña con mi cuerpo mordiendo cada nervio y cada célula.  Intento con toda mi exigua voluntad aferrarme a una imagen , un momento que robé a la mortalidad , y viajo a mi niñez, entre los campos de trigo dorado vestidos de sol y azules cielos , la caricia delicada de una madre con sus ojos tristes e inmensos , mi perro Floqui correteando en el campo con su cara inocente, bobalicona, lamiéndome el rostro .
La memoria es un pasajero en trenes con vistas fugaces que pasan veloces sus paisajes igual que suspiros del viento …
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Anoche volvió a ocurrir de nuevo , aquel inmenso gato negro trepó hasta la ventana de mi planta y a través del cristal nuestros ojos se miraron durante unos segundos eternos , no había emoción en ellos ni ninguna revelación o milagro,  sólo esa profundidad caliginosa en las verticales pupilas, quizás el dolor me ha vuelto cínico,  pero supe que la sombra andaba cerca cuando la siento nunca capto bien su forma , es como un retazo de obscuridad que crea brumas borrosas en el aire .
Pasó a través de mi cuerpo y se dirigió hacia la pared contigua atravesándola en su bruno silencio , en ese mismo instante todos los gatos del edificio en ruinas maullaron al unísono , la noche se llenó de lastimeras canciones en un concierto fúnebre exento de público …
Por el pasillo vi los enfermos arrastrando un equipo de reanimación , entraron a la habitación de la vieja Ramona , pero sabía que nada podrían hacer cuando visita la sombra …
Sentí una gran pena por ella,  le había cogido cariño, era una mujer de voz ronca y ojos dulces, entre sus canas escondíanse historias de pérdidas y esperanzas , trabajo incansable y sobre todo en sus manos ásperas se adivinaban una acogedora belleza que solo otorga el amor a esas personas que moldean de luz las más oscuras esquinas del alma…
Debería haber sido yo… estoy tan cansado, soy el prisionero de este cuarto aséptico con sus mortajas blancas , he tenido muchos compañeros de cuarto , pero nunca me hablan , veo a sus familias visitándolos,  esconder el miedo con sonrisas,  pero yo sigo solo, nadie me viene a ver,  nadie me dirige la palabra,  para todos ya soy el silencio de una muerte anunciada, aunque grite mi agonía para temblar las paredes de conciencia o mis lágrimas deseen ser lluvia bajo la luz de los charcos en los meses de Enero…
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Hoy sentí en mis huesos un extraño cosquilleo, como si estos se hallasen cubiertos de cemento o yeso y por unos segundos el sol piadoso quisiera abrazarme con los labios exentos de peso,  subirme a lomos de un gorrión para dormir navegado por sus alas,  el horizonte me llamaba a los bostezos de la luz, fue tan tibio ese calor familiar,  hogareño. Pero sentí miedo,  no hay mayor asesino que el olvido, te viste con vacíos ,de lunas ocultas por nubes que ignoran tu nombre y no hay hoja que vista esa desnudez o río que llene la nada, donde beber cada sed en los vasos del tiempo.
Luego, al hacerse de noche,  volvió el dolor pero extrañamente esta vez no quiso quedarse para perder conmigo sus punzantes momentos , en su lugar , él me visitó de nuevo. Esta vez se quedó plantado tras la ventana  y sus pupilas verticales me hablaron de lluvias sobre lejanas tierras , también de esperanza,  de abrazos y cosquillas en roces de espigas, que danzan los besos del viento.
Luego,  detrás suya apareció la sombra, acariciaba su pelaje con dedos de noche aunque su forma no pasó de largo como otrora hiciese,  sino que vino a mi encuentro y a unos centímetros de cada temblor me susurró al oído las palabras que estuve buscando.
– Hola Javier ! –  no soy partidaria de concesiones,  días y noches paseo entre llantos, desgarros de la mortalidad que agita cada tiempo y estado a mis irremediables brazos… pero conozco el dolor y el olvido, a cada segundo aguanto sus pesos,  donde visto sus pieles como solitarios gatos negros …
hoy te busco sólo a ti … sin dolor criatura,  sin daño recibe este último beso que jamás ya será de nuevo devuelto.  Y esta vez si llegó todo como una visión en ambos lados del espejo ;. la sonrisa de mi madre , el abrazo de mi padre , incluso el caliente pelaje de Floqui durmiendo en el regazo , somos nuestra propia memoria , que muerta y sola llora tras la ventana , en el ojo de un gato sin deseos …
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Teresa se encontraba bastante inquieta , un extraño acontecimiento había ocurrido en el Hospital Mercy.  El viejo edificio construido en 1934,  estaba siendo remodelado,  pues las instalaciones se habían quedado obsoletas con el paso de los años,  había sufrido en el cuarenta y nueve un terremoto que derrumbó parte de una planta,  fue un día funesto,  murieron muchos pacientes aquel aciago día.
Tras la catástrofe y largas deliberaciones se propuso restaurarla  debido a que su estructura seguía siendo firme  y sobre todo por haber sido un lugar emblemático lleno de memoria histórica.
Y ahora de nuevo en 2017  se estaba remodelando,  esta vez por secciones,  hacía dos días que tirando abajo un muro de la planta nueve habían hallado unos restos humanos entre sus paredes,  las obras se pararon de inmediato,  hasta que el perito forense confirmó que se trataba de los huesos de un joven muerto en aquel terremoto del cuarenta y nueve… sin nombre o pasado que le diese el honor del recuerdo.
Aquel mismo día ella atendía a un paciente en la planta de abajo,  había oído muchas historias de la habitación novecientos veintitrés,  inquietantes cambios de temperatura,  sonidos de pasos en la noche  y los gritos arañando paredes con una voz que se posaba en la nuca en un sufriendo al igual que la inevitable presencia formando una silueta similar a un gato negro que parpadeaba fugazmente en la ventana .
En el preciso momento que los huesos fueron encontrados,  ella estaba tomando la temperatura a un interno y  a pesar de no ser supersticiosa o mínimamente animosa a la sugestión, sintió que una corriente de aire traspasaba su cuerpo,  era tibia como el vaho de un aliento y sin saber porqué la invadió una melancólica tristeza,  hasta encontrarse llorando lágrimas sin conocer a quién o a qué iban sujetas…
Esa misma noche también encontraron un diario entre los cascotes,  sólo lo encabezaba unas líneas,
– Diario De Javier….-  las demás páginas estaban en blanco.
Más tarde,  a eso de las doce,  todos los gatos del vecindario estuvieron durante interminables horas maullando como posesos. Fue cuando vio aquello,  una inquietante sombra fugaz  vestida con una túnica tan oscura como la piel de mil gatos negros levitaba sinuosa sobre las camas donde dormían los pacientes,  se revolvía,  otra se estiraba casi hasta rozar los labios de los enfermos hasta que al fin terminó posándose en el pecho del más anciano;   su vaporosa esencia se llenó de sustancia creando una borrosa forma.  Un inmenso gato negro,  no había atisbo de emoción o revelación en su estática mirada, acercó el hocico y absorbió el último hálito …
Pensó que ese sería lo más parecido a la ternura que puede dar la muerte,  pues ella entiende de besos bajo la lluvia  y de dolor  y de soledad …
… y de silencios.
@Francisco Javier Salinas relato e imagen

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