Un dique incomprendido por la niebla
parece el fantasma de mis dedos
bailando acrobacias indeseables
para el corazón.
La temperatura se precipita
a altas horas del dolor,
como capricho de tu carne oscura,
la luz me humilla y victimiza mi idilio
de letras superviviventes
mientras maniobro el agua
hasta llegar a la sospecha de tu nombre.
En la hipnosis de la tarde yaces,
como sublime metáfora marina,
como prodigio lunar en la zona cero del mundo.
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