Desde el episodio de la miel no ha vuelto a ver a la chica, en cambio le siguen muchos niños que quieren oír la historia del puma amigo de Nubladito y de cómo ambos salvaron a Tséłchíʼí bikááʼ dah niłchʼi «Flor que brilla a la luz de la Luna”. A ojos de toda la reserva diné es un héroe y un valeroso acto que les hace sentirse orgullosos. Él les dice que el espíritu del pájaro de trueno lo acompañaba y protegía en todo momento.
A Nubladito en las tardes que no ejerce de monaguillo le gusta acercarse al lecho seco y pedregoso de lo que fuera un río, y recoge piedras que una vez pulidas se convierten en preciados y bellos adornos, turquesas verdes y azules, malaquita, obsidiana y cuarzo transparente. Pero aquella tarde al llegar al cauce seco ve a dos personas sentadas sobre un tocón de un árbol hueco, a ella la reconoce inmediatamente, Flor que brilla a la luz de la luna, a su acompañante no. Es un anciano de cabello largo y completamente blanco, su rostro es una máscara de cuero inexpresiva surcada de profundas arrugas y cicatrices, sus ojos oscuros y brillantes son dos esferas de ónice.
―Es mi abuelo, sanador del clan del oso. Le conté como me salvaste y ha querido conocerte.
―En mis sueños ya se había aparecido tu espíritu, y el de tus padres y un valeroso fraile calvo, posees dones poderosos que beneficiaran a nuestro pueblo. El Pájaro de Trueno es tu padre, la Gran Madre y sus criaturas te obedecen y protegen.
―¿Qué debo hacer? Aunque algunos hablen de guerra no podemos iniciar una lucha que no ganaríamos. La nación diné y todos sus clanes somos un árbol al que han cortado las ramas, sin hojas ni frutos, un árbol moribundo. Han muerto miles de los nuestros, la mayoría por las condiciones de vida aquí.
―Pero las raíces siguen estando bien aferradas a la tierra, se nutren en la oscuridad, se expanden y acumulan fuerza para la nueva primavera. Los clanes son las raíces. No debemos iniciar ninguna guerra, toda lucha debilita aunque aparentemente se gane. Debes nutrir las raíces. Los líderes tribales se enfrentan a la difícil decisión de aceptar las condiciones impuestas por los gobernantes que utilizan la amenaza de una mayor violencia militar y la promesa de un futuro mejor si nos sometemos.
El anciano se levantó dando por terminada la charla. Se agarró al brazo de Flor de Luna y emprendieron la vuelta. La joven estiró el brazo libre con la mano abierta mientras caminaba. Nubladito puso su palma encima que fue deslizándose hasta que las yemas de los dedos se rozaron. En ese instante ambos se miraron a los ojos y enrojecieron.
En las noches posteriores, Nubladito venciendo su timidez, visitó a los miembros del consejo de ancianos y a los chamanes y lejos de hablarles de negociaciones, injusticias y penurias les habló de sus recuerdos, de los seres dibujados en los cañones, de sus dos pares de padres, de Raimondo di Foligno, del cual siempre querían escuchar más. Eran felices escuchando aquellas historias de las que se sentían formar parte, que estaban en los recuerdos de la sangre que corría por sus venas. Al acabar de hablar el joven una nueva luz brillaba en todos los ojos, entonces Nubladito les obsequió con una pluma azul que brillaba como si portase un fuego dentro. El pájaro de trueno, protector y benefactor de los Navajo estaba con ellos.
-Epílogo-
El viejo chamán desde la carreta mira a su nieta, camina de la mano de Nubladito. Los truenos no cesan durante todo el camino, los cielos son mares grises surcados por raíces de luz. La lluvia aguarda, se presiente en el aire la tormenta. Están llegando a su hogar ancestral, Dinetah. Los dioses les dan la bienvenida, una fina lluvia comienza a caer.
Al sentir el olor a tierra mojada el árbol extiende poderosas ramas cubiertas de hojas que se alzan hasta llegar al cielo.
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