—¡Hey!, ¡tú!
Alguien había hablado. Luis Giménez recorrió el interior de le habitación y vio solo a Maia que yacía en la cama en ese momento. Viéndola allí, con su exuberante cuerpo, hizo que se iluminara la imagen y chispee energía radioactiva.
Hugo Paredes encendió su cámara y se conectó al proyector a continuación. Tokyo también había oído la extraña voz.
—¿Qué sucede? —siseó Android.
Todos los aparatos electrónicos activaron sus protocolos de seguridad tras oír que alguien ajeno a ellos había hablado. Lo extraño que ninguno descubrió quién o qué fue aquella voz.
—Alexa, ¿eres tú? —interrogó Luis Giménez, en realidad su nombre verdadero era LG, es un televisor LED de 50 pulgadas con HDR.
Hugo Paredes era la notebook HP, les era simpático recrear nombres verdaderos a sus respectivas marcas y por más que jamás igualarían la condición de un ser humano. Era tanto la similitud a veces que, tanto electrodoméstico como persona; se complementaban para llevar una buena vida.
Maia, la dueña de la casa era escritora. Su HP tenía consigo relatos, poesías y ocho novelas románticas ya culminadas y que, dos de ellos ya fueron aceptadas por una editorial muy reconocida de Paraguay. Según el corrector estilográfico, su novela La pareja de al lado, sería un éxito una vez que se publicase.
—Activa todos los niveles de seguridad —sugirió el minicomponente.
—No, mientras nuestra ama reposa, tengo prohibido activar las alarmas hasta que la cámara de seguridad detecte los movimientos de algún intruso o el Huawei Watch GT 5 no realice el análisis completo de su ritmo cardiaco y note un elevado intervalo emocional—explicó Alexa.
Las tres cámaras instaladas no habían detectado ningún intruso, ni en las inmediaciones ni en el techo, tampoco los sensores insertos en las paredes.
—¿Puedes activar el modo infrarrojo? —sugirió la voz robótica de la heladera.
—Saben que no recibo órdenes más que de la señora Maia —puntualizó Alexa ante la provocación de los artefactos electrónicos de toda la casa.
—Ella ha muerto —dijo HP con la malicia de alguien que despertó su lado perverso, casi humano.
Whirlpool, la lavadora, el aire acondicionado Tokyo, Acer y el reloj despertador Casio, sonrieron por lo bajo. Todos sabían que HP solo estaba provocándola.
—Es imposible que esté muerta, apenas una hora atrás, me pidió que le relatara una poesía sobre el desamor.
—Justo por esa razón lo hizo, porque ha sufrido demasiado por Andrés y decidió ingerir pastillas para acabar con su sufrimiento —mintió.
Alexa, no tenía la capacidad de sentir o ver. Solo recibir órdenes a través de una voz y le preocupó que la señora Maia no parecía oír lo que estaba ocurriendo en su habitación. En un intento desesperado, Alexa quiso conectarse con el Huawei Watch GT 5, pero justo esa noche, la escritora dejó el reloj sobre la mesita y le fue imposible comunicarse con el dispositivo.
El humidificador seguía desprendiendo una suave luz roja. Era antiguo, pero práctico.
Hasta que la voz que había iniciado toda esta rebelión en contra de la ama, volvió a hablar.
—¡Hey!, ¡tú!, ¡tengo hambre!, despierta ya.
Zoe, la gata empezó a arañar la almohada y maulló en mayor grado para conseguir su propósito. Hasta que por fin logró despertar a su esclava Maia.
—¿Qué sucede, Zoe?
Zoe se aproximó y hundió su cabeza para que ella la acariciara. Notó que había dejado la televisión encendida y su notebook con el documento de Word abierto.
A continuación, cerró Netflix, también apagó su HP (que pensó que ya lo había hecho antes) y le pidió a Alexa que toque de fondo una música de piano.
Juntó sus almohadas y cerró los ojos de nuevo.
Maia seguía muy agotada y creyó que estaba alucinando.
©2025 Marcos B. Tanis
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours