Escribir es una forma de respirar más despacio.
Cada palabra nace de un silencio que decide hablar.
No siempre escribimos para ser leídas,
sino para no desvanecernos del todo.
Dejar huella con la escritura
no significa firmar un nombre en la historia,
sino encender una pequeña luz en la memoria de alguien.
Una frase que consuele,
una imagen que despierte,
un verso que haga temblar lo que creíamos dormido.
Porque cuando una escritora escribe,
no solo narra: teje.
Con hilos de tiempo, de emoción, de sombra y claridad.
Teje su voz entre las voces del mundo,
hasta que un lector —sin saber por qué—
siente que algo le habla desde adentro.
Y ahí está la huella:
invisible, pero viva.
No en la tinta, sino en el alma de quien la recibe.
Albacete, 14 de octubre 2025.
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com).
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