miércoles, julio 22 2026

LA POSESIÓN by Daniel Cuñarro

     Los guerreros buscan a Will cuando los pájaros de la mañana todavía duermen. Fuerzan la entrada y lo obligan a salir de la cama. Un soldado le golpea el estómago para evitar su huída, y a Will se le corta la respiración. Le arrastran al exterior sin darle motivos ni explicaciones.

     Solo le entregan a la niña.

     Es menuda, rubia y de ojos saltones. Tiembla de frío y huele al barro que empapa sus ropas. Will le toma de la mano y la conduce hasta el cobertizo. La sienta sobre la mesa y la niña balancea las piernas en el aire. Él enciende los seis fanales de costumbre.

     —¿Cómo te llamas? —dice. Llena el caldero con agua limpia y lo coloca junto a la mesa. La niña guarda silencio —. Túmbate.

     Ella obedece y Will ajusta las correas alrededor de las muñecas, rodillas y tobillos.

     —Eres fuerte —dice la niña. Will evita mirarla a los ojos. Deja que sus cabellos caigan por el borde de la mesa y se los corta a la altura de las orejas. Luego toma el cuchillo y lo aprieta contra su garganta. La niña sonríe —. No lo hagas.

     —Tengo que hacerlo.

     —Sabes que no. Puedo ser tu mujer. Puedo serlo. —La niña se agita, estremeciéndose dentro de las correas. Su cuerpo aumenta de tamaño y llena los huecos del vestido con formas voluminosas y rotundas —. ¿Te gusto?

     —No.

     La niña reduce las curvas a su figura original.

     —Seré tu hija —susurra.

     —No te necesito.

     Ella escupe y chilla de rabia. Tres luces tiemblan y se apagan.

     —Seré tu madre. Puedo serlo. —Su rostro se disuelve y adopta las facciones de la madre de Will. Él la recuerda así: perfecta, joven y vital. La recuerda con tanto amor que, durante un instante, afloja la presión del cuchillo.

     —¡No! —dice. La niña aúlla y Will rebana la carne. La sangre corre hacia la mesa. Ella mira a Will con inocencia, como si fuera incapaz de entender la maldad humana —. Sé lo que eres.

     —No sabes nada. —Escupe una lengua bífida que se enrosca en la mano de Will. Su tacto le quema la piel y contiene las ganas de gritar. Hacerlo sería darle a la criatura una pequeña victoria. Aprieta los dientes y hace la herida más profunda. La sangre fluye con precisión y la lengua se retira. Will, consciente de que puede matarla niña, agranda el corte. Es la única solución.

     —Me comeré a tus hijos —dice la niña. Ha perdido el tono infantil y la voz resulta grave y profunda. La sangre moja los dedos de Will es fría y oscura. Hundiendo el cuchillo unas pulgadas más, provoca un alarido que apaga dos fanales. Un brazo verde y escamoso surge de la garganta de la niña. No es más grande que la pata de un cuervo y Will tira de él hasta sacar a la criatura. Es del tamaño de una rata y se revuelve intentando morderle. Su lengua bífida le ataca, y cada golpe de la cola abre un sendero de llagas en su piel. El cuerpo de la niña queda exánime y la sangre continúa manando. Will arroja a la criatura al agua del cubo. El ser grita como lo haría su mujer, como lo haría su madre si la torturaran. Se hunde despacio, sin apartar los ojos de Will. Los crispa en un último espasmo de dolor y estalla en una bola de fuego.

     Will se apoya en la mesa y se limpia el sudor de la frente. Busca el pulso de la niña y lo siente suave y equilibrado. La desata, lava la herida y se la venda. Abandona el cobertizo y descubre que los pájaros ya le cantan al amanecer. Los soldados recogen a la niña y se internan en el bosque en silencio. Will se deja caer en los escalones de su casa y permanece inmóvil hasta que Judith le acaricia el rostro. Él le besa las manos y la sigue al interior. Judith lo sienta frente al desayuno. Ninguno habla. Su amor no lo necesita. Tampoco lo hacen cuando llegan sus hijos. Will besa a los cuatro y cada uno ocupa su lugar. Judith les sirve las gachas y los niños las saborean con sus lenguas bífidas en un silencio refinado.


Descubre más desde Masticadores

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Masticadores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo