Hay descubrimientos literarios que te obligan a detener la lectura y empezar a investigar. A mí me ocurrió con María Lejárraga. Durante mucho tiempo, sus palabras llegaron al público bajo la firma de Gregorio Martínez Sierra, su marido. Detrás de aquel nombre masculino había una mujer inteligente, culta y creadora, cuya aportación a la literatura y al teatro español fue durante años insuficientemente reconocida.
Y me pregunto ¿cuántas veces habremos leído una obra sin conocer realmente a quien le dio vida?
María escribió, tradujo y colaboró en numerosas obras teatrales. Su historia no es solamente la de una escritora que permaneció en la sombra; es también la de tantas mujeres cuyo talento tuvo que abrirse paso en una sociedad que no siempre estaba dispuesta a reconocerlo.
Por eso me gusta buscar detrás de las palabras. Porque los libros tienen una historia escrita y otra que permanece oculta, esperando a que alguien se interese por descubrirla. Y cuando encuentras a la mujer que había detrás de aquella firma, ya no vuelves a leer de la misma manera. A veces, leer también es hacer justicia: devolver un nombre a quien nunca debió perderlo.
María Lejárraga es uno de esos hallazgos que engrandecen la lectura. Y quizá lo más hermoso sea eso: que, tantos años después, sigamos buscando su nombre y reconociendo su voz.
Albacete, 25 de octubre de 2026.
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail
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