sábado, abril 4 2026

Mi nombre es Lara Capítulo 15 por Emecé Condado

Sábado, 26 de julio

Han pasado tres días.

Tres días sin mensajes, sin ruido, sin nada que me devuelva a tierra.
Desde la otra noche sigo suspendida, entre el recuerdo y el mareo. Camino, trabajo, respiro, pero estoy… deshabitada.

En la oficina, silencio absoluto. Lucía y Sebas se han ido a un congreso en Valencia y, por fin, he podido escuchar el zumbido de los fluorescentes sin su voz de fondo. He pasado los días fingiendo normalidad: café, ordenador, llamadas. Pero por dentro sigo con la cabeza hecha un centrifugado de imágenes y frases que no sé colocar.

Y justo hoy, cuando empezaba a pensar que el mundo había decidido seguir sin mí, aparece un wasap en la pantalla. Sebas. «Tenemos que hablar. ¿Te parece si paso a buscarte esta noche?»

Inmediatamente pienso: ¿y ahora qué querrá este?

Tres días de congreso en Valencia con Lucía —la divina, la impecable, la que habla en cursiva— y, nada más volver, un tenemos que hablar. Ah, claro. Yo ya sé lo que eso significa. Piel. Ganas de piel de verdad. Porque la de mi jefa será muy tersa, pero no deja de ser la de una víbora.

Y sí, no voy a fingir que no me invade una cierta sensación de victoria. Al fin y al cabo, ha pasado tres días con ella, rodeado de brillo, perfume caro y networking, y lo primero que quiere al volver es estar conmigo. Conmigo. Mira tú qué cosas. Que a veces una gana sin ni siquiera pretenderlo.

Pienso en él, en su media sonrisa y en ese olor que me descoloca. En que solo nos acostamos una vez —dos, si cuento el bis—, y aun así logró quedarse pegado a mi memoria. Pero claro, es la pareja de mi jefa, y ahora, para colmo, también uno de mis jefes. Mala pinta tiene todo esto.

No puedo evitar dudar. Bastante.

Pero soy de esas que se meten en líos no por masoquismo, sino por coherencia con su propia estupidez. Así que al final le escribo:

«Vale. Pero no vengas a buscarme. Nos vemos en el Esecé.»

El Esecé —ese local precioso y lleno de encanto— es mi territorio neutral. Pienso que me va a decir que no porque está justo debajo de la oficina, en los bajos del edificio donde se encuentra la consultora: ese lugar que algunos llaman entorno laboral y que yo prefiero llamar campo de batalla con impresoras a color. Allí, entre presentaciones infinitas y gráficos que nadie mira, intento sobrevivir al ecosistema de corbatas, tacones y egos barnizados. Pero, sobre todo, intento sobrevivir a ella. A Lucía. Y cuando la mañana se pone demasiado cuesta arriba, bajo al Esecé. Delia, la dueña, me recibe siempre con una sonrisa que me sirve de bálsamo; y Menchu, la encargada, me prepara el café sin hacer preguntas, que también es una forma de cariño.

Pero Sebas me dice que sí, que perfecto, que nos vemos allí. Pienso que, al fin y al cabo, todos pensarán que hemos quedado por algo relacionado con el trabajo. Todos menos Lucía si llega a enterarse. ¿Por qué me meto en estos líos?  Pues porque me cuesta decir que no a los problemas con buen perfume.

Me he puesto mona: un vestido marrón que se ajusta al cuerpo como una segunda piel. Ni muy seria ni demasiado evidente. Perfecta para una cita que a ojos de los demás no tiene que parecerlo.

Entro en el Esecé.

Él ya está allí, sentado en la barra, charlando animadamente con Menchu.  Visto así, no es guapo. Tira más bien a feo. Pero huele igual que el hombre más guapo que me he follado en mi vida…

Continuará…

@Emecé Condado


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