miércoles, septiembre 2 2026

Voces.- Ernestina de Champourcin por Maripau González Bodeguero

Fue hija del abogado y diputado por Madrid Antonio Michels de Champourcin, barón de Champourcin, y de Ernestina Morán de Laredo, natural de Montevideo.

Nació en Vitoria en 1905, Se trasladan a Madrid y aprende las primeras letras con profesores particulares, luego. estudia en el colegio Sagrado Corazón y aprueba bachiller por libre. Su deseo de estudiar en la Universidad se vio truncado debido en parte a la oposición de su padre, (pese al apoyo de su madre, dispuesta a acompañarla a las clases, para cumplir con la norma existente para las mujeres menores de edad). No se amedrantó por no poder ir a Universidad, como era su deseo. Leía a todo autor que caía en sus manos y empezó a escribir desde muy joven.

Sus textos estaban muy influenciados por Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez, quien sería su maestro incondicional posteriormente. Toma contacto con la Generación del 27, a través de la Residencia de Estudiantes, donde acude a conferencias, con compañeras como Concha Méndez. Se relaciona con poetas, como Rafael Alberti y el resto de poetas de la Residencia. Con Juan Ramón Jiménez la relación fue de admiración profunda desde que le conoció personalmente. Ambos cultivaron esa amistad basada en la poesía, y en los tres primeros poemarios de Ernestine, la influencia es evidente, llegando a contar con su maestro como corrector de estilo de categoría insuperable.

Cuando estalla la guerra civil su familia se refugia en una embajada pues no habían simpatizado con el sistema republicano. Ella se queda en su casa y siente la necesidad de ayudar. Se presenta voluntaria como enfermera en el hospital que dirigían Manolo Rivas Cherif y Lola Azaña. El 6 de noviembre de 1936 contrae matrimonio con el también poeta Juan José Domenchina. Ya había escrito para revistas como La Gaceta Literaria y Manantial y durante la Guerra en La Hora de España. No participó en ninguna organización política, pero su marido si, (en Izquierda Republicana) por lo que golpe de Estado les empuja a huir. Se marchan a Valencia cuando se traslada el Gobierno de la República. Su marido era el director del Boletín de Información del Ministerio de  Propaganda, y secretario personal de Azaña, así que ella participa como traductora en muchas actividades. De tal modo que, si bien no era de ningún partido político, estaba destinada a huir por su matrimonio.

Marchan a Barcelona luego, hasta que el presidente Azaña sale de España. Ella y la familia de su marido tienen relación estrecha con el presidente de la República, y, aconsejados por él cruzan a Francia y se alojan en una casa que el propio Azaña les ofrece, junto a otros republicanos con altos cargos. Cuando consiguen un pasaporte diplomático para toda la familia, (y así poder evitar el ingreso en un campo de Concentración), se dirigen a Toulouse, donde pasan tres meses, (hasta que su marido consigue una invitación de la Casa de Viajaron en el barco Flandre, y llegaron a Veracruz el 15 de junio del 1939.

Unas semanas después se trasladaban a México D.F. Su marido llega contratado por la Casa de España y ella comienza a trabajar como traductora para la editorial UTEHA y luego para el Fondo de Cultura Español. También colaboró en revistas literarias y femeninas como Romance y Rueca. Como
recibió formación religiosa católica, y su familia era practicante, no abandonó del todo la práctica durante la guerra, pero entra en crisis, una crisis religiosa que en México le acerca al grupo católico religioso del Opus Dei, colaborando en actividades de promoción social, en un barrio marginal, y solicitando la admisión en esa institución de la Iglesia.

Su etapa en México es una de las más fecundas; publicó Presencia a oscuras (1952), Cárcel de los sentidos (1960) y El nombre que me diste (1960), entre otros poemarios.​ Su mentor, Juan Ramón Jiménez, trabajaba como agregado cultural en la embajada española en Estados Unidos. Otros componentes del grupo del 27 se exiliaron también a América como fue el caso, entre otros, de
Emilio Prados y Luis Cernuda.​

El exilio no fue fácil. El matrimonio no tuvo hijos, y sobrellevaron de forma muy distinta el desgajamiento de sus raíces. Mientras Juan José Domenchina no llevó bien su nueva vida como exiliado, y murió en 1959, ella llegó a tener fuertes sentimientos de arraigo con esta su nueva “patria”.​ Es en este momento cuando la religiosidad vivida durante su niñez se agudiza, dando a su obra un
misticismo desconocido hasta el momento. Publica Cartas cerradas (1968) y Poemas del ser y del estar (1972). Es un alma partida, rechazada por la familia por republicana, y luego rechazada por ser católica.

​En 1972 Ernestine regresó a España. La vuelta no fue fácil tampoco, y tuvo que vivir un nuevo período de adaptación a su propio país, experiencia que hizo surgir en ella sentimientos que reflejó en obras como Primer exilio (1978). Los sentimientos de soledad y de vejez junto a una invasión de recuerdos de los lugares en los que había estado y las personas con las que había vivido fueron inundando cada uno de sus posteriores poemarios: La pared transparente (1984), Huyeron todas las islas (1988), Los encuentros frustrados (1991), Del vacío y sus dones (1993) y Presencia del pasado (1996) .

Murió en Madrid el 27 de marzo de 1999. Su obra tiene diversas etapas. Siempre es de fácil y agradable lectura, y en sus poemarios supo expresar certeramente la intensa hondura de su alma. Esto hace que su temática sea muy distinta a la de algunos de sus contemporáneos. En parte de su obra se rememora la poesía de los grandes místicos españoles: Santa Teresa y San Juan de la Cruz; así como la obra de Juan Ramón Jiménez.​ De hecho, en Presencia a oscuras (1952) utiliza sonetos, décimas, romances y otras estrofas tradicionales de la poesía barroca.​

Es muy habitual al hablar de Ernestina de Champourcin como poeta de la Generación del 27, hacer recaer la atención sobre todo en su obra anterior a la guerra. Lo cual lleva inmediatamente a comentar la radicalidad del cambio, que se produjo en la autora durante el exilio, y que la lleva hacia la poesía religiosa. Pero, en cambio, pocas veces se habla de su última poesía, de la que escribió al regresar a España en la que, para algunos autores, está lo mejor de su obra, ya que se trata de una poesía en la que se conjuga la contemplación retrospectiva y la memoria, sin dejar de tener una mirada hacia el futuro afrontado con la lucidez y la valentía de quien se acerca a la muerte. Murió en
Madrid el 27 de marzo de 1999.

@Maripau González Bodeguero


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