jueves, septiembre 3 2026

Un Guernica en el vestíbulo: mi primer encuentro con el arte como conciencia By Úna Fingal

Políticamente NO correcta

El Guernica de Picasso Foto: Dora Maar / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Fuente: Historia National Geographic.  https://historia.nationalgeographic.com.es/a/guernica-picasso-paso-a-paso_12698

 

El curso 1979-80 marcó mi entrada al instituto Manuel de Cabanyes, en Vilanova i la Geltrú. Era mi primer año, y como cualquier adolescente, llegaba con una mezcla de nervios, curiosidad, ganas de descubrir y la mochila cargada de libros, miedos y sueños. Pero lo que me recibió no fue una clase ni un profesor, sino una imagen que se quedó grabada en mi memoria para siempre.

En el vestíbulo del instituto, ocupando buena parte de la pared, se desplegaba una reproducción pintada del Guernica de Pablo Picasso. Realizada por profesores y alumnos, aquella obra monumental, casi a tamaño natural, me impactó de una forma que entonces no supe explicar. Era mi primer contacto directo con el arte como testimonio, como grito, como memoria.

No podía saber entonces, que en aquellos días aún turbios e inseguros devolver, aunque fuese en forma de reproducción aquel cuadro a la mirada del mundo suponía una manera de aferrarse a la recién estrenada democracia por parte de quienes habían vivido la plena oscuridad. Por entonces, al auténtico, aun le faltaban dos años para regresar y de algún modo, restaurar la dignidad de las víctimas olvidadas… Para devolver la voz de aquellos a quienes les fue robada. Eso suponía aquel espectacular cuadro y yo no lo sabía. Un cuadro que gritaba sin voz. Sin embargo, pude escuchar esos gritos claramente e hicieron lo que debían hacer, removerme. De ahí el impacto inolvidable. Lo que sentí aun lo siento tan claramente como el palpitar del corazón.

Como digo, no entendía aun todos los símbolos ni conocía la historia detrás del cuadro, pero algo en mí se estremeció. Me interesé y descubrí que el Guernica fue la respuesta de Picasso al bombardeo de la ciudad vasca en 1937, una denuncia implacable contra la violencia y la guerra. Y comprendí que el arte no sólo es belleza: es también resistencia, conciencia, y a veces, dolor.

Hoy, en el Día Internacional del Artista Plástico, vuelvo a ese recuerdo con una nueva mirada. Esta fecha, celebrada cada 21 de septiembre en honor a los artistas que nos abren ventanas a la vida y a la verdad, nos invita a reconocer a quienes, como Pablo Picasso, han hecho del arte una forma de mirar el mundo con ojos más despiertos. Los artistas plásticos —pintores, escultores, grabadores, ceramistas, fotógrafos— son los que nos enseñan a ver lo invisible, a sentir lo que otros callan, a imaginar lo que aún no existe.

Fue Picasso quien dijo una vez:
“El arte limpia el alma del polvo de la vida cotidiana.”

Y eso fue exactamente lo que sentí aquel día en el vestíbulo. El arte me sacudió, me hizo pensar, me hizo sentir. Me limpió el alma de ignorancia. Y desde entonces, nunca he dejado de buscar ese tipo de encuentros: con obras, con artistas, con ideas que nos transforman.

Hoy celebro a todos los artistas plásticos que, como aquel mural colectivo del instituto, nos regalan su visión del mundo. Porque el arte no sólo decora: el arte denuncia, educa, emociona y, sobre todo, nos recuerda quienes somos y cómo somos: humanos.                                                                                                                                                                                                                                                        


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