A simple vista el título podría parecer un error tipográfico vulgar ,o tal vez algo extraño mal escrito, pero no lo es. En la Argentina, a todos los varones llamados Eduardo se los conoce desde niños con el apodo afectivo de » Lalo «.
Lalala en cambio es el título de una de las obras musicales más icónicas de la historia del rock nacional, grabada en 1986 por Luis Alberto Spinetta y Fito Paez que marcó un antes y un después, un quiebre en la historia artística de los dos.
Fue un álbum doble que desbordaba talento musical y poesía literaria por todos lados, una fiesta de armonías y melodías entre dos genios que no habíamos escuchado nunca, como si los astros del cielo los hubieran elegido para componer algo supremo, para tallar un diamante. Una genialidad musical reconocida por todos, como si seres extraños de otros planetas no identificados, se hubieran olvidado una bolsa de acordes de oro en la sala de estudio, marchándose sin avisar hacia el futuro.
Recuerdo perfectamente ese mediodía de calor cuando lo compré. Era sábado y fui a preguntar a Grassi y Gimenez ,la disquería de tradición por aquel entonces, si había llegado, en su local de la peatonal. Antes ,de niño, todos los sábados íbamos con Papá al local antiguo de la calle Salta y escuchábamos los discos en las cabinas antes de comprar. Las empleadas eran las mismas de siempre, parecían de una perfumería y me habían visto crecer escuchando música.
_ Recién llegó la caja Jesús, querés abrirla vos ?
Corte con una trincheta afilada la caja de cartón marrón como si fuera un bisturí sobre una piel resignada a que la abran, disfrazada de cinta de embalar. Y ahí estaban los dos rostros fusionados ante mí en un arte de diseño fotográfico estupendo, magnífico, estéticamente revolucionario para la época. Aún conservaba la caja el perfume del cartón plastificado, tan embriagador como el de los libros, recuerdo lo imponente que resultaba tenerlo entre las manos como lo que era, una joya.
En ese preciso instante sentí la angustia atravesada en la garganta del miedo que me daba preguntar el precio.
_ ¿ Cuánto cuesta ? _
Lo dije con una disciplinada resignación, con la voz baja involuntaria del que teme una respuesta lapidaria a sus posibilidades.
El precio era elevado pero lógico, era un álbum doble, como el álbum blanco de los Beatles, esperado con ansias por todo el país desde que anunciaron que lo iban a hacer. En aquellos años los duetos eran una rareza, producían una desconfianza involuntaria, algo prejuicioso, pero ellos lo tomaron como una necesidad, como algo natural. Spinetta quería conocer al prodigio que ya tenía tres discos como solista tan solo con 22 años, al autor de » 3 agujas ,» canción que no podía parar de escuchar. Fito quería conocer al maestro que había convertido su vida en una escuela musical.
Volví a casa con los discos bajo el brazo como tal vez Fito, volvió con los discos de Almendra o Invisible alguna vez y los escuché toda la tarde sin parar. Fue algo maravilloso, como un golpe en el pecho ,como si sintiera que se iba abriendo mi cabeza lentamente con canciones mágicas como » Parte del aire «,cuando escuche la frase,» me dejó unos discos en el placard, un reloj de plata y un samurái ,todo detallado en un expediente «
era un homenaje a su padre muerto y me dieron ganas de llorar y lloré, solo, dentro de la quietud de ese sábado a la tarde calmó, como lo son todos los sábados por la tarde.
Canté con una paleta de madera en la mano pero para mi era una guitarra Fender, no puedo recordar la paleta en mi memoria y así fueron pasando » Asilo en tu corazón «, » Cuando el arte ataque «Instantáneas», «Todos estos años de gente» y tantos otros. Recuerdo colocar la púa del tocadiscos en cada surco, con la delicadeza y la perfección de un artesano.
Unos meses después Fito vino a Santa Fe a dar un show y tenia a Spinetta escondido dentro del colectivo, tan solo a escasos metros del escenario, que era chico y precario, como la humildad de cualquier escenario escolar. La escena era bizarra porque el show era en los jardines de una iglesia colonial y Fito subió con sus pantalones blancos de payaso a cuadros y todo el aire se electrifico con » Corazón clandestino».Después subió Spinetta y llegó la paz del arte dentro de los acordes plateados de su guitarra.
Lalo debe haber estado cerca mío esa noche, muy cerca ,pero no nos conocíamos y mucho menos saber que íbamos a ser amigos 37 años después en el futuro. Lalo es santafesino como yo, pero sé fue a vivir a Buenos Aires porque así lo quiso el destino y eso no se puede cambiar. Hasta que una tarde en el tráfico enloquecido del cielo de internet del 2023,alguien discutía en un foro de Spinetta, si había conocido de verdad a Fito en la calle Florida como mostraba una serie de Netflix. Ahí le dije yo a ese tal Lalo, que no sabia que era santafesino, que el encuentro fue en la Avenida Santa Fe, como una burla profética al origen de nuestros destinos. Fito mismo me lo contó en un viejo bar Baviera de la peatonal después de un concierto, entre pizzas y cervezas de lo que hoy es un baldío abandonado.
Yo cité aquel viejo show de 1986 y Lalo me contestó que el también había estado ahí esa noche en los jardines de la Iglesia. Y nos hicimos amigos sin pensar recordando aquella noche en que tal vez estábamos separados pero juntos en la magia de la emoción, dentro de una canción, en la adrenalina del rock.
No sabíamos 37 años atrás que nos cruzaríamos en un universo de algoritmos dentro de la distancia que imita al pasado artificialmente, como si hubiéramos viajado al futuro sin pasaporte y sin pasajes de regreso para encontrarnos. Ya dijimos que teníamos que ir al bar de Santa Fe donde está la estatua de Spinetta a tomar un café entre los tres ,Fito tal vez pase despues.
La vida tiene sorpresas que la razón no entiende.
Por suerte.
@Jesús María Cello.
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours