Tomo forma en un renglón sin cuerpo
para que modeles el compás de mi imagen,
me otorgues la anatomía subversiva de tu aliento.
Así la gracia pujante de tus dedos
me invente en cuadernos de hojas pálidas
que transpiren sueños y desvelos
–convulsión del tiempo, tacto espeso–
más allá del pulso que sustente la vida.
Yo no soy sino la voz que deletrean tus ojos,
la visión elocuente que enfrenta la palabra,
contradicción carnal de puertas a tu pecho,
lo invisible de una piel indescifrable.
Al final sacas la seda de tu manga,
el aire necesario,
el amor que amasa al hombre,
y el centro tú
desmigajando la ternura con los dedos
@Juan Jesús López Espinosa
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