Hemos firmado un contrato indefinido
con nuestros nombres y apellidos
con nuestra huella dactilar
incluso, con nuestras firmas de puño y letra.
Estamos atados de manos y pies
con muñequeras que laceran nuestra piel
con grilletes en los pies que nos impiden correr
que nos mantienen esclavos de hierros y correas.
Cien caballos con una fuerza invalorable
nos hacen galopar hacia el olvido
nos coronan con espinas hasta sudar sangre.
Trotamos sobre las piedras hacia un naufragio.
Los grilletes de los pies castañean los versos
sangrando sobre la dura tierra
dónde nacemos en una nueva alborada.
En esa, dónde unos años más tarde
firmaremos el contrato definitivo
con los ojos ya cerrados.
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