jueves, septiembre 3 2026

Carta 7: Ramón, sobre un elefante by Félix Molina

A Ramón un elefante —gris como las oficinas y la blusa del cemento— lo aúpa al cielo de las palabras. Llega por La Castellana, recortado en la madrugada de Madrid como si fuera un guisante en el puré del firmamento. Luego, cuando amanece, le roba al tajo de la luna que se retira la sonrisa y se enfunda la mano que todo lo guía, cetro de un rey acanallado.

Susto en la mañana para las fámulas y los niños con piruleta, se adentra en el parque, selva domesticada, y se anima a la oratoria desde la cumbre mamífera, como si fuera el almuédano de una mezquita ambulante. Recibe el júbilo de los vendedores de seguros y la admiración de las secretarias. Avanza con la seguridad de un mal pensamiento entre las lentejas de la desesperación.

Dios de su monóculo y su corbata asesinada, desciende de la mole animal, como quien se apea de una tormenta, y aparece envuelto en el paraguas de su antonomasia, que se abre a la turba como la cola de un pavo irreal. Unta el silencio previo de El Retiro en la tostada del aturdimiento. Y ora, siguiendo la estela de su mano. Esa que todo lo guía.


La obra de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), o Ramón por antonomasia, es ingente y dispersa: novelas (El novelista, Policéfalo y señora…), ensayos (o ensayos de ensayos), reseñas biográficas y troqueladoras (impagables las que Austral hace unos años reeditó bajo el título Efigies y donde se incluye Baudelaire, el desgarrado –cito de memoria –, una joyita de un género deliciosamente mistificador del que fue creador y ya maestro, aparte de sus crónicas tertulianas del Café Pombo y las diversas ediciones compiladoras de las Greguerías (ya sabéis: humorismo + metáfora). Del surrealista personaje Ramón (en el mejor de los sentidos, etrusco, etimológico; no en el actual, televisivo, mediático) da buena cuenta la pequeña pieza audiovisual El orador o la mano, que todavía puede inspeccionarse en el servidor YouTube y da pie a esta troquelación. Murió en Buenos Aires o, en todo caso, en aires mejores.

 


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