El primer día de octubre de 1931, el Congreso de la Segunda República Española decidió hacer legal el voto femenino, pero no fue hasta el 19 de noviembre de 1933 cuando las mujeres pudieron votar en las elecciones generales. Fue, sin duda alguna, un importante logro que solo fue posible gracias a los discursos de Clara Campoamor en el parlamento español y a las protestas y las manifestaciones de miles de mujeres en el mundo entero. Hoy, en 2023, parece que se nos olvida la relevancia de este acontecimiento histórico.
Según un sondeo de opinión del INJUVE de 2017, a un 62% de los jóvenes (personas entre los 15 y los 29 años) no les interesa la política y, en mi opinión, es una cifra preocupante considerando la importancia que la política tiene en el bienestar y en el futuro de nuestro país y las tantas vidas que ha costado lograr que todos los ciudadanos tengan derecho a participar en el Estado. Pero, sobre todo, me gustaría señalar el poco interés que suscita entre las jóvenes españolas, los escasos (si no inexistentes) debates políticos entre nosotras. ¿Debería inquietarnos escuchar a tantas jóvenes desentenderse de la política e incluso de votar cuando ha costado tanto conseguir que se acepte y se valore la implicación de las mujeres en este ámbito?
Según el INE, la participación de las mujeres en el poder político se ha ido incrementando estos últimos años. De hecho, ambos sexos están nivelados en los cargos ejecutivos de los principales partidos políticos españoles (el PSOE es quien tiene más mujeres en sus cargos, con casi un 60%, y VOX es quien menos reúne, sin alcanzar el 30% de cargos ejercidos por mujeres), al igual que en su presencia en los Ministerios, las Direcciones Generales y las Secretarías de Estado. Sin embargo, las cifras cambian cuando se trata de la presencia en los consejos y la presidencia de empresas privadas (específicamente, las del IBEX 35), donde la participación de las mujeres se reduce al 33% y al 6%, respectivamente. Todo ello en el panorama de nuestro país, España; pero a nivel mundial, la ONU considera que «al ritmo actual, la igualdad de género en las más altas esferas de decisión no se logrará por otros 130 años».
Pero, además de los datos que muestran una clara diferencia entre ambos sexos respecto a la toma de decisiones y a la política en general, ¿cuál es el motivo de la aparente indiferencia de las mujeres ante este tema? Hay varias hipótesis sostenidas por varios estudios provenientes de todo el mundo: una de ellas sugiere que los roles de género son los que hacen que el varón se interese más por el ámbito público y la mujer, por el ámbito doméstico. Aunque, desde que la mujer se incorporó al trabajo, tanto el aspecto profesional como el del hogar, hablando en términos muy generales y desde nuestro país, han concernido a ambos sexos, podría señalarse que las mujeres tienden a percibirse a sí mismas como no aptas para la política, es decir, que son más exigentes respecto a los hombres a la hora de considerarse preparadas para liderar y competir en las altas esferas de la política, y que por lo tanto la ambición política de los hombres es mucho mayor. Además, hay que tener en cuenta que aún las mujeres siguen siendo las principales responsable de los cuidados del hogar y de la familia, independientemente de que tengan un trabajo a tiempo completo y remunerado, por lo que es complicada la conciliación entre la vida personal, profesional y, además, política, en caso de no ser ese su empleo.
Otra hipótesis, quizás más acertada, sostiene que la política interesa tanto a hombres como a mujeres, pero en distintos aspectos. Se podría decir que los hombres se sienten más atraídos hacia la economía, las problemáticas internacionales, pudiéndose llamar a esto políticas más abstractas, y que las mujeres están más interesadas por la educación y los aspectos sociales, es decir, políticas más concretas. De hecho, la ONU afirma que «las cinco carteras más ocupadas por ministras (en términos mundiales) son Mujer e igualdad de género, Familia e infancia, Inclusión social y desarrollo, Protección social y seguridad social, y Asuntos indígenas y minorías», además de «defender asuntos de igualdad de género como la eliminación de la violencia de género, licencias parentales y cuidado infantil, pensiones, leyes de igualdad de género y reforma electoral». Así pues sí, los hombres y las mujeres tienen distintos intereses y perspectivas dentro de la política en general, incluso ahí alcanzan en cierta manera los estereotipos de género.

Nicolás, un chico de dieciséis años, cree que «aún así, habiendo chicas y mujeres jóvenes muy implicadas en las instituciones políticas propias de nuestro país, creo que los chicos de nuestra edad superan a las chicas en cuanto a convicciones políticas se refiere. Creo que esto pudiera ser derivado del hecho de la costumbre machista, la cual no comparto, del absoluto poder que hubieran de sostener los hombres por encima de las mujeres (en política y en general) y del propio instinto de buscar y adquirir poder que el típico hombre con aspiraciones políticas lleva desempeñando en la sociedad de los últimos siglos con más empeño que sus homólogas femeninas».
Sin embargo, Leire, de la misma edad, piensa que «hemos recibido muy poca educación acerca de este tema por el hecho de que algunos adultos piensan que no tenemos una mentalidad suficientemente madura para comprender estos bandos. Sobre las mujeres en política podría decir que la mayoría que tiene algún interés notable sobre esta, siempre deciden dedicarse a otros estudios, bien para evitar comentarios o bien porque este interés no fue fomentado. Desde mi joven perspectiva y los años más recientes que han sucedido, la política no ha llegado a ser un tema recurrente en mi vida ni tampoco he podido comprobar que lo haya sido en la de otros jóvenes».
En mi opinión, en primer lugar sería favorable incentivar entre nosotras mismas estos temas, animándonos a participar en debates y a confiar en nuestras propias capacidades, buscando nutrirnos de conocimiento para hacer de nosotras una futura generación capacitada para gobernar, para decidir sobre un país, siempre apostando por la paridad (no siendo esta estrictamente obligatoria, pero sí que esté presente).
(Último gobierno español, basado en la paridad.)Y, para concluir, es inevitable insistir en el trasfondo de esta entrada: debemos valorar lo que se ha conseguido, lo que el feminismo ha logrado para nosotras, las jóvenes, un espacio en la política y nuestro derecho al voto. Es desolador escuchar a chicas diciendo que ellas no votarán en un futuro y que no les gusta la política: muchas mujeres han sacrificado su vida años atrás para conseguir que nosotras, hoy en día, podamos decidir (aunque sea mínimamente) acerca del futuro de nuestro país. También siendo conscientes de que en varios países del mundo las ciudadanas no poseen ese importante derecho y no tienen representación alguna en las esferas de poder, por no nombrar a los países con regímenes dictatoriales donde ni el hombre ni la mujer pueden votar. Seamos agradecidos ta
MARA AMO. (Aceuchal, Extremadura. 2007)
Estudiante. Escritora en ciernes
Comencé a escribir acerca de brujas y licántropos, por diversión, pero he descubierto que la literatura es, además de arte, una forma de transmitir mis inquietudes o de contar historias ya olvidadas. En 2022, gané el concurso infantil y juvenil Felipe Trigo con «El hiyab». Compagino mi afición con los estudios y mis ensayos de teatro en el grupo amateur Acebuche-Teatro. Me gustaría estudiar Filología Hispánica y seguir nutriéndome de otros autores para encontrar mi propio estilo.
Adoro las novelas negras y, en mis relatos, suelo plasmar reflexiones acerca del bien y el mal y la contradicción humana. Me gustan las historias desgarradoras y los personajes femeninos atormentados, pero en general trato de admirar el arte en cualquiera de sus formas.
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