viernes, abril 17 2026

El astrólogo de la ciudad de las olas.- Ensayo por María José Luque Fernández

Vivimos tiempos llenos de incertidumbre con un clima emocional inestable en el que se hace preciso y necesario saber leer las señales que nos muestra el mundo.

El astrólogo de la ciudad de las olas es el interprete que busca respuestas, ya no mira al cielo, ¡no! se fija en el vaivén del mar. Es ese océano que esta en permanente cambio cuyos muelles de acceso a la ciudad se sostiene por pilares que ya crujen hace mucho tiempo como si se fueran a desquebrajar en algún momento, como lo harían las páginas envejecidas de un anciano libro. Fragilidad que necesita fortalecerse pero ¿Cómo? Ahí juega su importante papel el astrólogo: Debe saber mirar esas señales que están en continuo movimiento, en un peligroso deambular. ¿Qué puede querer decir la superficie del agua? Sólo él puede saberlo…

Sí ya sabemos que el astrólogo es el lector de estrellas, pero en esta triste escena mundial en que nos ubicamos a vivir he creído conveniente un cambio, ¿Por qué? por el cielo parece estar inalterable  ante las situaciones vividas hacia la travesía en la que nos encaminamos el planeta tierra y sus habitantes,  todos los seres vivos sin excepción alguna y ya parece no querer transmitirme nada.

Sin embargo, una ola, como bien sabéis es un movimiento en su más pura acepción sin conservar su forma sin tener una continuidad que la impida fenecer como lo hace en breve momento desde su inicio aunque encumbrando, a veces y de que manera.  Es la imagen perfecta que me representa en estos momentos nuestro mundo presente.

Fluctuaciones constantes, fugaces opiniones, bucles de noticias que duran unas horas siendo sustituidas rápidamente por otras, tensiones sociales, disturbios, guerras sin aviso aparente…

Ya nada puede ser documentado con neutralidad, cada observación depende del propio individuo y sus convicciones ( o mejor dicho de las convicciones de los influencers, jugadores de futbol preferidos, modelos favoritas, cantantes…)  más que desde las fuentes externas que serían tal vez las correctas. Ya nada se identifica explícitamente cayendo en el peligroso oficio de interpretar las señales sin fundamento alguno.

Ninguna de estas observaciones depende de fuentes externas; son interpretaciones propias y explícitamente identificadas como tales.

Sí es una metáfora que puede ser erróneamente utilizada por el astrólogo que sólo observa las olas, corre el peligro de confundir ruido ( ese que nos absorbe  y nos ronronea en el cerebro a cada momento del día) con señal.

No podemos ni debemos, pues, querer que las verdades sean siempre verdades, que las tendencias sean costumbre y que sean nuestra guía sin verificar su validez ni su veracidad ya que pueden afectar a la toma de importantes decisiones sobre nuestra vida, nuestro rumbo a fijar en ese océano en el que fluctuamos.

Es eso que describen los estudios de ciencias sociales y comunicaciones como «volatilidad informativa”  haciendo que la incertidumbre se vuelva sistemática.

La Ciudad de las Olas es un espacio donde todo se mueve continuamente, avanzando desordenadamente dentro de un orden no impuesto, donde la información no se estanca y la arquitectura se viste diferente  en cada momento del tiempo vivido.

Y sin embargo, nosotros los habitantes, seguimos empecinados en buscar una figura que nos traduzca ese movimiento, no se quieren predicciones sin sentido las mentes actuales, quieren que se les de todo hecho y consumado a ser posible. Todo un sin sentido…

Es esta mi metáfora por qué algo en mi, me dice que se necesita poner un nuevo orden «la necesidad de orientación en un entorno que esta saturado de señales contradictorias»

Y que miremos con atención, que verifiquemos antes de afirmar que distingamos aquellos patrones que son estables de las fluctuaciones momentáneas que no dejan de ser sucedáneo.

Y que evitemos la tentación de que nuestro destino sea convertido por una sola ola.

Y aunque parezca una vulgar tontería, prudencia analítica, el arma más valiosa en un mundo donde la marea amenaza con tragárselo todo relegándolo al olvido nuestro presente.

@María José Luque Fernández

@Imagen Pinterest


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