A veces necesito tiempo y silencio.
No como una huida, sino como un refugio necesario.
Tiempo para detener el ruido del mundo, para pensar sin prisa,
para volver sobre cada idea y permitirle madurar.
Necesito el silencio que no exige respuestas,
el que no interrumpe ni juzga,
ese silencio que me permite escuchar con claridad
lo que mi mente y mi corazón intentan decir al mismo tiempo.
Respiro profundamente, como si con cada inhalación
recogiera los fragmentos dispersos de mis pensamientos,
y con cada exhalación soltara la confusión acumulada.
Entonces dejo que las palabras se acerquen despacio,
sin forzarlas, sin imponerles forma,
hasta que encuentran el lugar que realmente les pertenece.
Solo así comprendo el peso verdadero de cada una,
el sentido exacto que debo concederles,
y la responsabilidad silenciosa que conllevan al ser dichas.
Porque no todas las palabras nacen para ser pronunciadas de inmediato;
algunas necesitan reposar, ser escuchadas por dentro,
antes de atreverse a existir en voz alta.
En esa pausa larga y necesaria,
entre el pensamiento y el silencio,
descubro lentamente lo que quiero decir
y, a veces, también quién soy cuando callo.
Albacete, 21 de enero 2026
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com).
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours