Prefiero un aplauso.
Prefiero un aplauso a un «me gusta».
Porque el aplauso necesita de nosotros.
De las manos, del encuentro, de la presencia.
Un «me gusta» puede darse casi sin pensar, con un dedo, desde la distancia. El aplauso, en cambio, tiene algo de abrazo: suena, ocupa el espacio, contagia a los demás.
Prefiero escuchar cómo una sala rompe el silencio después de un poema. Prefiero ese instante en que nadie sabe muy bien cuándo empezar a aplaudir y, de pronto, unas manos llaman a otras y el sonido crece.
La literatura necesita lectores, pero también necesita voces.
La poesía necesita ser dicha.
El teatro necesita espectadores.
Necesitamos volver a encontrarnos.
Porque quizá estamos demasiado acostumbrados a reaccionar desde una pantalla y hemos olvidado lo maravilloso que es estar allí.
Así que sí:
prefiero un aplauso a un «me gusta».
Al menos el aplauso me dice que estabas allí.
Albacete, 4 de septiembre de 2026.
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com).
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