viernes, mayo 29 2026

Entrevista a José Luis Muñoz: «Casi todos los personajes de mis novelas son turbios, responden a los arquetipos de la novela negra»

By Lluna Vicens /Todo literatura

Entrevistamos a José Luis Muñoz, uno de los más veteranos y destacados autores de novela negra de este país, que ha incursionado prácticamente en todos los géneros literarios, y es un infatigable activista cultural y social, con más de sesenta títulos a sus espaldas y una veintena de premios literarios, con motivo de la serie de RTVE “Los 39” sobre su trilogía épica “La pérdida del paraíso”.

Los 39
Los 39

¿Recuerdas el primer libro que leíste? ¿Y la primera historia que escribiste?

El primer libro debió se de cuentos de Aleksandr Afanásiev, un escritor ruso que puso negro sobre blanco los relatos de la tradición oral de su país. Ahora, con esta mentalidad que reina, serían cuentos no aptos para niños. Había algo siniestro en ellos, canibalismo, por ejemplo, con brujas que devoraban niños crudos y esas cosas. La primera novela leída debió ser una de Jack London, seguramente Colmillo blanco. Antes había leído libros ilustrados, un montón de ellos, casi todos de trasfondo religioso y relacionados con el Antiguo y Nuevo Testamento. Disfrutaba muchísimo con ellos, bastante más que ahora. Mis primeros escritos datan de cuando tenía siete años o menos. Crecer entre libros tiene esa rareza y esa virtud. Mi padre era bibliófilo, fetichista de los libros que compraba en ediciones rústicas y convertía en joyas con costosas encuadernaciones de piel. Mi primera novela, siendo un niño, ya tocaba un tema espinoso: Auschwitz se llamaba. Entre el horror del exterminio había una historia romántica: un SS se enamoraba de una judía e imagino que la salvaba de la cámara de gas. Para salir de la mente de un niño era una historia muy extraña. Pero es que yo ya era raro, me gustaba más leer que dar patadas a un balón.

¿Cuál fue el primer libro que te impactó y por qué?

Difícil contestar a esa pregunta porque desde joven me convertí en devorador de libros que me llevaban a una realidad más soportable que el colegio religioso adonde iba y que tenía una disciplina prusiana, o más bien nazi, con castigos corporales bastante duros y humillantes. Aparte de London, que creo me leí todas sus novelas de Alaska, he de citar a Robert Louis Stevenson, a Mark Twain, a Charles Dickens. De Dickens guardo un recuerdo maravilloso de Historia de dos ciudades que recientemente regalé a mi nieta y que seguro no habrá leído. Era una novela histórica, que formaba sobre la Revolución Francesa, pero también de aventuras. La juventud de hoy en día rechaza los clásicos, a esos grandes autores que formaron a mi generación, y se decanta por la fantasía romántica.

¿Quién es tu escritor/a favorito/a? Puedes escoger más de uno y de todas las épocas.

Hablar de uno es sencillamente imposible. Podría citar novelas que me han marcado por haberlas leído en el momento adecuado: La montaña mágica de Thomas Mann, pero también Los Buddenbrook, su primera novela y no tanto Muerte en Venecia. Bajo el volcán de Malcom Lowry sobre el proceso autodestructivo del personaje que yo experimenté en un determinado momento de mi vida. Todo Cortázar, por supuesto. Thomas Bernhard, William Faulkner, Milan Kundera y Paul Auster. Entre los negros Jim Thompson, James Cain y Marc Behm. Entre los españoles me quedo con Delibes, Valle-Inclán, Clarín, Enrique Vila-Matas, Alfons Cervera, Víctor Claudín, Somoza. De los argentinos Sabato, Cortázar, Borges, Gustavo Abrevaya y esa obra maestra que es El criadero, Guillermo Orsi. Todos los rusos, por supuesto, desde Tolstoi a Dostoievski. Shakespeare, de quien leí todas sus tragedias. Los dramas griegos de Sófocles, Esquilo y Eurípides. El Satyricon de Petronio, la primera novela escrita. La lista es interminable.

¿Qué personaje de uno de tus libros te hubiera gustado conocer? ¿Y ser?

Casi todos los personajes de mis novelas son turbios, responden a los arquetipos de la novela negra, el género en el que se encuadra la mayor parte de mi producción literaria, son tipos peligrosos: terroristas, mafiosos, asesinos en serie, nazis, que me fascinan literariamente por su perfil psicológico pero con los que en la vida real no me tomaría ni un café, así es que mi favorito, porque es el más positivo, es Marín de Urtubia, uno de los 39 marineros que dejó Cristóbal Colón en la isla de Hispaniola en el Fuerte Navidad, un tipo sensible, poeta y con principios morales que desaprueba el espíritu de rapiña de sus compatriotas, queda fascinando por ese Nuevo Mundo que va descubriendo y se integra en la sociedad nativa convirtiéndose en adalid del mestizaje.

¿Alguna manía a la hora de escribir o leer?

Silencio, solo admito música de fondo el jazz tanto para la lectura como para la escritura, y que no haya nadie revoloteando a cien metros a la redonda. La lectura y la escritura son placeres solitarios. Suelo leer por la noche, a la luz de una lámpara de pie, como había visto siempre hacer a mi padre, y escribir a esa hora nocturna también. Las reseñas literarias o cinematográficas, los artículos de opinión sobre lo que sucede, los escribo a la luz del día. Para la creación literaria preciso más recogimiento precisamente para meterme en lo que estoy escribiendo.

¿Tu lugar y momento preferido para hacerlo?

En invierno suelo leer en la planta baja de la casa de pueblo en donde vivo, frente a la chimenea, y alterno la lectura de las páginas del libro con miradas furtivas al hipnótico fuego. El fuego es un ser extraordinario y adictivo que me acompaña cuando hace frío y me retrotrae a los ancestros cavernarios. También leo por la noche, en la cama, antes de que me venza el sueño. Escribir siempre en la buhardilla, con vistas a la montaña del Valle de Arán que es un lugar privilegiado.

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