La hora de acostarse era la una y veintitrés minutos porque, de no hacerlo a esa hora, ya no le era posible hasta las dos treinta y cuatro y ahí tenía que estar atento porque dejarlo para las tres cuarenta y cinco era poco conveniente dado que el rango horario para levantarse empezaba a las 6 y 7 minutos que casi siempre se le hacán las 7 y 8; algún domingo lo dejó para las 9 y 10, que era la primera de sus favoritas porque no tenía que ignorar el molesto cero que se colaba entre las 6 y 7 o las 7 y 8.
La comida a las 15:16 si se le pasaban las 14: 15, que era su preferida porque así podía sestear hasta las 16 : 17 ya que hacerlo hasta las 17:18 le parecía excesivo por más que las 18, es decir, las seis le resultaba lo más coherente, etimológicamente hablando, para una buena siesta aunque la equivalencia –oh témpora,oh mores- se haya desvanecido por alguna razón de las de anda tú a saber.
¿Y a qué obedece semejante tiranía horaria? Algunos piensan que es un modo de deshacerse de compromisos alegando que sus horarios…. Pero, aunque quién sabe, no parece muy probable. Tampoco es persona dada a excentricidades de tipo alguno, parece más bien un asunto de orden estético, de disposición de los guarismos en las pantallas digitales, sin embargo ¿por qué no creerle cuando dice que es un modo de incardinarse con la naturaleza y hacer como ella misma cuando construye girasoles con la serie de Fibonacci, ya sabes aquel 1,2,3,5,8,13,21,34……..aunque aquí se sabe que hay una razón y que la entiendas o no, las pipas se ordenan.
La teoría más plausible que, sin excluir tardía llegada al hogar, habla de cierta madrugada en que habiéndose despertado –tal vez apremiado por alguna necesidad de alivio fisiológico- percibió un dibujo como de orla griega, puede que sólo su esquema, en la pantalla del reloj de su mesilla: las cinco y veinticinco, ya ves, una hora como otra cualquiera pero los cinco palitos de que se compone cada cinco eran la imagen especular del dos… y otro cinco y otro dos… y así hasta formar una cinta sin fin que se puede girar noventa grados sobre cualquiera de sus tramitos finales e iniciar una nueva serie que, a su vez, también gire otro par de veces hasta alcanzar el primer punto del trazo y así generar un espacio que, como un marco, albergará cualquier dibujo, cualquier palabra.
Probó otros modos: La una y once, las dos y veintidós… hasta las cinco cincuenta y cinco. Las seis sesenta y seis… no. Eso no sale en la pantalla luego no existe.
En la cuenta de veinticuatro horas la primera que le sirve es las 00,12 y luego la 01,23 y funciona bien hasta 04.56 porque las 05.67 ¿ves? Ya no sirve hasta que a las 09,10 este mundo horario vuelve a tener sentido 10,11 11,12 … … 21,22 23.24, y vuelta a empezar a porque las 24,25…. Ya ves que no.
Se le suponen divertimentos con números como eso del cuadrado áureo que no le parece gran cosa pero es su opinión y ese disparate de cifra que sale de 1 más 2 más 4,8,16,32,64 y así y duplicando la cifra en cada escaque, hasta la sesenta y cuatro… pero no. Es más: de peque se le atravesaron las matemáticas hasta extremos de pasar de curso arrastrándola, ya ves tú: y me llevo una.
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.