Llevaba días despertándose empapado en sudor y aterrado por atroces pesadillas. En ocasiones, la pesadilla lo mantenía paralizado, y Angie lo despertaba cuando percibía su cuerpo rígido y frío. Aquella noche fue especialmente aterradora; la pesadilla no lo dejaba despertarse. Angie trataba de despertarlo con delicadeza, pero se asustó al percibir un atroz zarpazo en el pecho. Lo zarandeó con fuerza y, ni aún así, logró sacarlo de la pesadilla.
Así que susurró al oído: «Mi vida, resiste. Lucha, tú eres más fuerte que esa pesadilla. Vuelve conmigo, Esperanza y Devastación te necesitamos».
Él podía oír su voz susurrándole ánimos y fuerza; solo así logró vencer a aquella horrible criatura de cuatro metros que lo amenazaba con sus ocho dantescos brazos, de los que logró zafarse y huir de aquel monstruo que lo aterrorizaba cada noche. Ella lo besó con delicadeza al percibir que había vuelto.
Creí que te perdía, susurró al oído.
Continuará…
M. D. Álvarez
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