Traemos un extracto del cuento de T.C. Boyle Caza Mayor, que se encuentra publicado en Cuentos Incompletos por la editorial Impedimenta (2024).
Es una joya narrativa y aconsejamos a los amantes de estas narraciones cortas leerlo y releerlo. El extracto narra los últimos momentos de la trama, pero NO el último, que bien vale la pena descubrir con la lectura. Feliciano F. González
Caza Mayor , de T.C. Boyle
(extracto del libro Cuentos Incompletos, Ed. Impedimenta, 2024)
No fue pánico exactamente, no al principio.Bender erró el tiro, y el fuerte retroceso del arma pareció aturdirlo. Bessie Bee iba directa hacia ellos, se les echaba encima, y Bernard se mordió el bigote y gritó:
—¡Dispara! ¿Dispara, imbécil!
Deseo cumplido. Berner disparó otra vez, por fin, pero tan solo alcanzó a rozarle el vello del lomo a aquel bicho. Entonces Bernard se puso de pie, con el rifle al hombreo, y aunque se acordó del león y ya podía oír la voz fastidiosa, lloriqueante y melindrosa de Bender quejándose durante el almuerzo de cómo le había negado su trofeo, la situación era crítica; desesperada, incluso —¿quién lo habría pensado de Besie Bee?—, y apretó el gatillo y el rifle brincó y rugió.
Nada. ¿Había fallad? Y entonces, de repente, se sintió atrapado en un argayo, las rachas de aire, la peste a elefante, y volaba, volaba de verdad, muy por encima de la llanura hacia la nada.
Cuando aterrizó, se sentó y vio que se le había descoyuntado el hombro y que una especie de fluido —propia sangre— le nublaba la visión del ojo derecho. Estaba en shock, se dijo, lo repitió en voz alta, una y otra vez.
—Estoy en shock. Estoy en shock.
Todo le parecía borroso, y el brazo no le dolía mucho, pese a que debería dolerle, ni tampoco la brecha en la cabeza. Pero ¿no tenía un arma? ¿Dónde estaba?
Levantó la vista ante el ruido, un chillido de enorme convicción, y vio cómo Besie Bee restregaba la pata concienzudamente, con ternura casi, contra la forma postrada de Mike Bender. Bender parecía desnudo —o no, parecía que ni siquiera tuviera piel— y su cabeza había sufrido una transformación enorme, ahora era mucho más compacta. Pero pasaba algo más, algo que la compañía aseguradora no iba a poder enmendar, de eso estaba seguro, aunque fuera de un modo vago.
—Estoy en shock— repetía.
Aquel algo también era un chillido, uno humano, que creció y se sujetó a la cola del chillido anterior y se encaramó a él, y antes de que el vacío del silencio pudiera cerrarse sobre sí mismo hubo otro chillido, y otro, hasta que los gritos de la elefanta no fueron en comparación más que susurros.
Era la señora Bender, la mujer, Nicole, una de las expresiones más refinadas de su especie, que huía del Jeep y se dejaba los pulmones. El jeep parecía estar volcado —estaba demasiado escorado para verlo— y la forma esbelta de la señora Bender fue en ese instante engullida por un muro de carne en movimiento, los flancos enormes impedían la visión de la escena, todo el movimiento y el peso remataron aquella pequeña aria de gritos con un redoble final de tambores elefantinos.
Pudo haber pasado un minuto, o una hora, Bernard no lo sabía. Estaba allí sentado, el brazo le colgaba del hombro y se limpiaba absorto sangre del ojo con la mano buena mientras los buitres negros descendían hacia él con un aire de interés profesional. Y de repente, todo a la vez, fenómeno extraño, el sol desapareció, y también los buitres, y una gran sombra tenebrosa cayó sobre él. Levantó la vista apenas hacia el lienzo de aquella cara colosal enmarcada por un revuelto de orejas.
—¿Bessie Bee?— dijo—. ¿Bessie Bee? ¿Shamba?
A un kilómetro de allí, abanicada por la brisa suave del aire acondicionado, Jasmine Honeysuckle Rose Bender, a dos meses de su decimotercer cumpleaños y saciada de chocolate y sueños de adolescentes esbeltos con el pelo de punta, guitarras y chaquetas de cuero, movió la cabeza en la almohada y abrió los ojos. Era, al despertar aquel instante, la única heredera del imperio inmobiliario Bender.
fotografía de Feliciano F. González
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours