Te cuento todo, Tachia, agazapado entre el catre y los barrotes de esta cárcel. Celda de dentro, de las que comen un trozo del pan de la esperanza y beben un balde diario de las aguas turbias de la desesperación.
Pido la paz y la palabra para nombrarme Blas, aunque me quiera Otero, no por sobresalir, sino por sobremirar, quizá por sobrequerer, acaso por sobredecirme. En el reparto del rancho que es este día a día no quiero las sobras, sino la verdad, con su hueso entero de fruta y de justicia.
Guardias que podéis quebrarme el corazón, o el alma, o la conciencia: apenas me arañáis el sufrimiento. Duro como la pared en él se escriben los nombres menudos de los presos: Ramón, Elías, José, Miguel… La arena negra del tiempo los va trenzando para nadie, para los que comparten esta celda y no los ven; para los que los ven, pero no saben de esta celda.
¡Silencio! Rondan los carceleros estas rejas recién desnudas de todo. No hay más humano Dios que el que muere en nosotros, en las horas del patio o en el rumiar lóbrego de las noches sin aire.
Te escribo, Tachia, solo para escribirme.

Blas de Otero (1916-1979), es uno de los poetas que más acuna en sus versos el compromiso con la existencia y con lo humano. A esa aspiración, en lo colectivo, quiso llamarla también España, y por eso es el poeta (quizá junto con Unamuno) al que más invocan estas cartas troqueladas. Pido la paz y la palabra (1955), Ancia (1958, con prólogo de Dámaso Alonso) y Ángel fieramente humano (1960) dan cuenta de estos temas (la existencia, la verdad, la justicia, la poesía, Dios) con una intensidad que difícilmente encontramos en la poesía contemporánea. En la línea de la poesía social, que después tuvo a José Hierro o Ángel González como poetas esenciales, Blas de Otero labró una poesía –de una riqueza formal y paradójica asombrosa– que hay que leer a la luz cenicienta de esta cárcel troquelada, justo donde él se situaba en muchos de sus poemas. La Tachia de la troquelación (y de muchos de sus versos) es una mujer real, y fue compañera real en su vida, la actriz y poeta Tachia Quintanar. Blas, siempre preso de mucho, nunca fue un prisionero.
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