Orquito (O el Regalo de los Hados Madrinos).
Lo dejaron en la entrada, y como en las novelas de huerfanitos, con un golpe abrupto en la puerta, y una huida culpable y al galope, escaparon antes de que la abriera. En el lugar de su ausencia apareció, encima del felpudo, una cosita bastante fea, pequeña y con pinta de haber escapado de una piscina de barro con grumos.
La criatura en cuestión sujetaba una caja de fruta, en la que debían haberlo metido durante la fase de transporte, y con la otra garra, porque menudas uñas lucía, me ofreció, con una especie de gruñido, un sobre. El contenido fue la siguiente nota, arrugada y goteando porquería marrón por una de las esquinas:
«Es el que había disponible y teniendo en cuenta el presupuesto ajustado y los vales descuento es lo que se nos ocurrió regalarte. Mejor tarde que nunca ¡¡Felicidades por tus últimos treinta y tres cumpleaños!!
En el reverso:
No hacen falta instrucciones precisas, lo irás descubriendo, eso sí cuidado con los dientes, los tiene bien afilados y los usa».
Tus queridos Hados Madrinos.
Y como marca de agua del papel se leía: Regal@s Únicos. Ring & Mordor S.A».
Genial ¿Qué era esto? No era consciente de haber sido presentado a unos hados madrinos, y mucho menos que estos hubieran estado en algún evento de mi vida como mi primera excomunión o posesión demoníaca. Siendo exactos, este regalo, o castigo, llegaba con treinta y dos, y tres meses, años de retraso no con treinta y tres. Mi cara debió ser un poema. Más que eso, varios poemas porque di varias vueltas al edificio, antes de volver a la posición inicial, en busca de una explicación. Como no obtuve ninguna me quedé un buen rato analizando la situación hasta que recuperé una respiración medio normal y me enfrenté a la realidad. Aquel ser, supuestamente salvaje, sucio y caníbal, mantuvo la paciencia necesaria como para sentarse en el suelo y mordisquearse, mejor no saber el que, entre los dedos mientras yo recuperaba la entereza.
¿Qué era exactamente? Porque con ese aspecto bastante asquerosito, nariz afilada, greñas pegajosas, ojos negros, negros y directos como una aguja de coser, mucha ternura no despertaba. Pero yo tampoco era Víctor Frankenstein ni el Dr. Jekyll, ni el chaval ese que tenía a Gizmo, así que comprobé la hora, eran las 20h, la caja manchada de fruta, que fue directa al contenedor de papel, perdón si no era el adecuado y, ¡Aj!, al susodicho. No quedaba más remedio que meterlo en casa o al garaje o a casa o al garaje…Decidí, tal vez equivocadamente, en casa para tenerlo controlado, no fuera a provocar un cortocircuito en el edificio.
El baño era fundamental y vaya que sí lo fue. ¡Qué olor! ¿Qué grasa tenía? Un verdín repugnante lo cubría. Es cierto que intentó escaparse de la bañera, pero encerrados en el baño, y con la amenaza del secador, como espada láser corta, conseguí que los gruñidos fueran simplemente gruñidos y las miradas asesinas sólo miradas. Empecé a frotar y descubrí el sonido más desagradable, y lastimero, que nunca había escuchado, sus gemidos.
Puede que ese pequeño demonio planeara mi muerte para más tarde, pero la espuma hizo su pequeño milagro, y aunque de aspecto no es que mejorará demasiado, envuelto en una toalla con cremita de aloe vera en la frente, fue la única zona donde conseguí llegar, el contexto higiénico mejoró bastante.
Él en cambio estornudó, y sus lamentos eran tan débiles que con cada inspiración daba la impresión que iba a respirarse a sí mismo de la pena y luego…Despedazarme con esas uñitas terribles.
La comida. Eso sí que fue relativamente sencillo. En seguida me decanté por un menú carnívoro. Las chichas de mi abuela le encantaron, pero su estilo fue un tanto escabroso. No apto para todos los públicos, y mucho menos los sensibles. Menos mal que metido en materia soy difícil de sorprender. Su efecto sobre la mesa, mi pijama, los cubiertos, que fueron armas arrojadizas, y la cocina en general, fue la de un huracán carnicero. Tras esta primera ocasión supe que tenía que buscar otro sistema de alimentación, tal vez encerrarle en una casita infantil reforzada con placas de acero, y por la chimenea meterle los filetes para que los despedazara a gusto podría ser lo mejor. Parecido a los velocirraptores en Jurassic Park o al tercer cerdito si tuvieran un Alien dentro de la casa de piedra.
Dormir. Siguiente fase básica. Se atrincheró detrás del sofá, lo agujereó, a base de zarpazos y mordiscos, y con varios cojines, y mi papelera casi llena, se fabricó la viruta de su madriguera, ¿esto me lo cubriría el seguro? Lo descarte por muy improbable. Sus ronquidos de señor mayor con sobrepeso me mantuvieron insomne toda la noche. Eso, y la posibilidad del asesinato por la espalda. El día me encontró ojiplático pero vivo.
Y el siguiente. Y a otro…Hasta el séptimo en que puse mis esperanzas en el número relacionado con la buena suerte porque mi agotamiento era tal que sólo me derrumbé en la cama con la alta posibilidad de una muerte en segundo plano.
¿Y de verdad que no pensé en llevarlo a una protectora de animales salvajes? ¿O a un zoo? ¿A un coleccionista de rarezas y riesgos? Estuve tan, tan cerca de hacerlo, pero al final me fue imposible. El mundo no estaba preparado para él. Además, sus piernas, y brazos antropomorfos, su respiración fatalista, el modo en que giraba la cabeza…En fin, esa mirada a lo » te vas a cagar en cuanto te despistes»…. Tuvieron su atractivo. No soy un tipo que elude sus responsabilidades. ¡Nada que ver con mis supuestos Hados Madrinos!
Ponerle un nombre era necesario, más que nada para no usar excesivamente «Ehh, tú». Y Orquito me pareció una buena opción.
Busqué si pertenecía a alguna especie protegida y con la ayuda de una criptozoóloga, y las imágenes de los habitantes de la tierra media, acabé encontrando el apelativo adecuado para mi monstruito chaparrito.
La definición más objetiva y descriptiva que encontré: “Engendro, creado a partir de un elfo, o humano, según que fuentes, torturado y pervertido por Melkor, el Señor Oscuro, para formar parte del ejército del mal.» no era exactamente alentadora, sobre todo parapresentarlo en sociedad, pero Orquito a secas tenía su gracia. Los diminutivos suman simpatía, aunque este te mire con cara de asco.
Después de… ¿Casi un año ya? Tengo que admitir que los tiras y a flojas en la convivencia han sido fundamentales. En estos últimos meses he descubierto que a Orquito la música de Bach y Blur le gusta, ¿Será por la letra B?, aunque Wagner también levanta sus pasiones más violentas, así que este en concreto se lo pongo muy poco, más que nada por mantener los objetos supervivientes de las estanterías un poquito más.
También hay mejoras, como, por ejemplo, ha dejado de perseguir los patinetes, aunque sus pupilas se dilatan ansiosos cuando las ve pasar por el carril bici.
«¡Orquito!¡Sit!»
Lo de conocer gente nueva está muy bien, pero prefiero mantener las presentaciones con dos metros de distancia y unas barritas de surimi, como medida de seguridad y refuerzo positivo, a mano. Además de avisar al personal, sobre todo a los más pequeños de evitar ciertos gestos.
-Eh niño, mejor no le señales con el dedo que es de mala educación (y si quieres conservarlo).
Tiene pavor a los parques de bolas y las películas, mejor en casa y bajo una manta eléctrica de contención. Se las toma muy a pecho, sobre todo si salen criaturas, ya me entendéis…Debe identificarse con ellos al momento y después de King Kong, y los arañazos que dejó en los armarios, he preferido volver a otro tipo de actividades más analógicas como los juegos de mesa a pesar de que tienda a tragarse algunos dados o las fichas de su oponente.
La pasta con tomate le vuelven loco, aunque pone la mesa, y el babero, hechos unos zorros (no hace falta usar la casita infantil excepto si toca carne cruda).
Y con la ropa alterna periodos nudistas con otros días en que medio acepta la pana, a no ser que se ponga a acariciar los pantalones y acabé por arrancarlos a tiras.
A veces le da por hablar en un idioma súper rápido e inquietante, rollo posesión ante un exorcista, pero le pongo la introducción de Bob Esponja y se queda hipnotizado con la melodía. Como con los circuitos de agua termal. En esto me ha salido muy exquisito. Escapaz de estar dentro de una sauna sin límites, pero al cabo de los diez minutos se empieza a hinchar como un sapo y he preferido no alargar demasiado esos tiempos para comprobar si habría una explosión viscosa de vísceras o el nacimiento de una larva de Demogorgon o Nazgûl en su lugar.
El tema uñas y dientes sigue siendo conflictivo, pero poco a poco lo va controlando más, aunque el sofá es un mueble perdido. Por lo menos nos han granjeado cierto éxito, las chiquitas del centro de manicura del barrio se pelean por atenderle, y el pelo, un poco disperso a lo Eduardo Manostijeras le da un aire más de psicópata romántico.
Curiosamente, por mucho que se ofendan algunos, no se diferencia mucho de algunos críos sólo que tiene un mayor grado de peligrosidad.
«¡Orquito!¡Orquito! Los bancos no se comen.
«¡Orquito! ¿Qué te he dicho? Ese perro, ese carro de compra, esa rueda, esa papelera, ese tobogán…no son comida».
Es hasta…Monino, a su modo. Lo mejor, cuando estamos fuera de casa, es llevarlo a un parque y sentarlo en un columpio. ¡Es el mejor sistema para entretenerlo! A pesar de su risa es un pelín escalofriante hasta que te acostumbras. Le gusta tanto que una vez que has conseguido sentarle se pasa toda la tarde balanceándose. Y nadie se ha atrevido a protestarme, ni a señalarle con un dedo para que se baje.
Orquito ¿Quieres una barrita de surimi y te presento?
Anabel 16Nov2025.3Jan2026.
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